La gente de Iván: el garçon francés II

(No olvides leer el volumen I)

Volumen II: continuación

En Mongolia aprendimos que por mucho que estés en el fin del mundo no dejas de ser un turista y los turistas hacen turistadas. ¿Cuántas posibilidades hay de coincidir con alguien en un hostal de Buenos Aires y de volver a coincidir días después a miles de kilómetros? Os lo diré, por un lado pocas porque hay cientos de hostales por el otro lado muchas porque todo el mundo hace lo mismo.

En el desierto del Gobi nos encontramos a un pobre sueco con la moto super perdido. Le vimos tan desesperado que le preguntamos si estaba bien. Nos comentó que estaba siendo más duro de lo previsto que tardaba mucho en llegar a los sitios. Cuando le dijimos si no tenía GPS nos contestó que el GPS era verde. Esto parece no tener mucho sentido así de primeras pero imaginaros el como es el mapa de una llanura sin ninguna carretera existente, la respuesta es clara: VERDE.

Así que el pobre hombre marcaba un punto por coordenadas en el mapa e intentaba llegar a él pero siguiendo sendas se iba desviando y tardaba todo el día en hacer unos cientos de kilómetros.

Se lo comentamos a nuestro guía y le ofreció a que nos siguiera. Con su moto fue incapaz de seguir el ritmo del Land Cruiser y al rato desistió. Ahí le deseamos suerte y pensamos que nunca le volveríamos a ver.

Al día siguiente andando por la nada absoluta buscando una tortuga con A&A (esto da para otra historia) pensando que nos habíamos perdido nos pasó alguien en moto: el sueco.

Al día siguiente yendo al atardecer para ver la puesta de sol en unas dunas que se supone que hacía cientos de años no pisaba nadie un tipo nos saludó en la distancia: el sueco.

Con esto quiero decir que el mundo es un pañuelo y los turistas nos movemos en un clínex creado por Lonely Planet y tripadvisor.

Si queréis saber qué narices tiene esto que ver con el francés pues obviamente me lo encontré en Ushuaia. Cómo en Buenos Aires era su segundo hostal y volvió a ir a parar al que estaba yo. Él se había ido a Tierra de Fuego a pescar sin reparar que las licencias allí son carísimas así que se iba a ir haciendo dedo a otra región. Cuando le pregunté si era peligroso me dijo:

‘Las cosas malas siempre le pasan a los tontos, yo sigo vivo así que no debo de ser muy tonto’.

La positividad y confianza en si mismo son encomiables me quedé con ganas de preguntarle su nombre y pedir una foto para el blog así que tendré que buscar una foto del sueco.

Una de la cosas malas de no periodistas el viaje es irte a Tierra de Fuego que es el fin del mundo sin reparar que le licencia para pescar es más que tu presupuesto semanal.

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