Torres del Paine I

Volumen I: intrahistoria

Las Torres por detrás

Había recibido informaciones muy dispares sobre este Parque Nacional de Chile.

Al parecer es un poco Disneylandia. Me habían comentado que está lleno de guiris que van sólo a tomarse la foto para Instagram. Gente en chanclas y vaqueros que deberían estar en un Starbucks y no en mitad del monte.

La verdad que la impresión inicial fue esa. Autobuses llenos teniendo que pasar por taquilla y guardabosques/guardaparques que actúan de taquilleras.

¡Sin mencionar los precios!

35 dólares por entrar, 50 ida y vuelta al catamarán. 3000 pesos ir a la entrada del parque en una combi como sardinas. 5000 ir desde el catamarán a la entrada principal del parque… Todo pensado para el turista rico.

Han transformado una montaña en un negocio. En realidad han transformado un negocio en otro. Básicamente esas tierras ‘vírgenes’, en las que no habitaban más que aborígenes sin derechos para un joven estado chileno, son cedidas para la explotación a inmigrantes venidos de Europa y transforman la inmensidad en una explotación agrícola o estancia.

A mediados del siglo pasado alguien decide que esas montañas podrían tener interés, más allá de que en un día fuesen sagradas, y gentilmente las vuelve a ceder al estado para crear un parque natural.

La mafia

¿Qué hay que hacer para ir al parque?

Llegar a la entrada y pagar. Antes de pagar tienes que llegar, claro, así que tienes varias opciones. Desde Puerto Natales son 80 kilómetros que se pueden hacer en bus, en coche, en bici o a dedo.

Después de llegar te hacen ver un vídeo, para que no quemes el parque y te lleves tu basura.

Después pagas y firmas. El que rompe paga. Ahí puedes decir cuantos días te quedas en el parque.

Para quedarse en el parque hay campings habilitados. Los gestionan dos empresas diferentes y la CONAF que pertenece al estado.

Un ‘autónomo’ local nos comentó que todo ha ido a peor desde que empezaron hace tres años con ‘las reservas’. Se comenta que no puedes quedarte en el parque si no has reservado en un camping. Esta medida que parece lógica hace que el sistema se pervierta. Si las plazas son limitadas la gente reserva hasta que se llena y después no admiten a más gente. Así se controla el impacto ambiental, el número de visitantes y si falta alguno y los beneficios se invierten en recuperación y conservación.

Como todas las palabras bonitas suenan a política os comentaré mi experiencia personal. El autónomo nos comentó que la CONAF es más corrupta que los policías mexicanos. No dice nada bueno de México ni de Chile. Los campamentos de la CONAF son gratuitos y están ‘siempre’ llenos’. Luego llegas allí y ves que sólo hay un puñado de tiendas y un montón de sitios libres y te hace dudar de la primera afirmación.

El resto de los campamentos los gestionan dos empresas: Vértice y Fantástico Sur. Al parecer el autónomo también nos dijo que son cuñados y es sólo para aparentar competencia que deben de conocer a algún político en el Ministerio. La verdad es que la cosa huele a podrido.

En vértice el precio es de 6000 pesos, unos 8€. Así que parece que debería ser asequible. Ahí empieza la trampa. Es muy difícil reservar pero siempre te dan la posibilidad de comprar paquetes: alquilar el material con ellos, coger una cena en un refugio, o en un hotel, tiendas que ya están montadas, circuitos guiados, paquetes de comida preparados… De ahí hemos pasado de 8 euros a circuitos que valen cientos o incluso mil ¿Alguien ha visto la trampa?

Así que hay gente con dos o tres días para viajar al parque, les dicen que todo está lleno pero por un ‘módico’ precio pueden visitarlo. Al pobre turista no le queda otra opción que pagar 60€ la noche en una tienda de campaña con un saco de dormir o coger un pack todo incluido a precios de Hilton.

La cosa se vuelve tan loca que en el refugio Grey vale más alquilar una tienda que dormir en el refugio en una cama.

Me volví a encontrar al francés. Recuperó la tienda, por supuesto, hizo que todo el universo conspirara para que volviera a sus manos. No se había perdido en el autobús, sino en la consigna del refugio, de hecho nunca estuvimos en el autobús. Nos cobraron 5000 pesos de ir del catamarán a la guardería principal en un bus fantasma. Al ir a reclamar al francés le dijeron: ‘nuestra compañía no hace ese recorrido’. Así que el conductor del autobús, como si fuese un blablacar, va recaudando dinero de turistas incautos tirados en mitad de la nada para dedicarlo a la noble causa de hincharse los bolsillos. Cuando el francés se lo comunicó a la compañía dijeron que eso no podía suceder. Así que en todos los Bus Sur pone: ‘exija su billete, es por su seguridad’.

Conclusión

Aquí voy a cerrar el primer capítulo de como unas tierras de gente nómada pasaron a ser una estancia, de ahí a un Parque Nacional y de ahí a un nido de ratas corruptas.

Yo soy una persona de orden que paga sus impuestos y que piensa que para vivir en sociedad hay que cumplir la ley pero después de la experiencia os diré: haced lo de la finlandesa.

  1. Llegar al parque
  2. No pagar la entrada
  3. Andar siete kilómetros hará la puerta para lo pagar 3000 pesos de bus
  4. Acampar sin hacer check in ehh los campings. El personal es mitad estudiantes mal pagados o voluntarios. No revisan.
  5. Hacer la O en seis días sin haber pagado un solo peso a estas organizaciones semi criminales
  6. Volver muy contenta

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