El ingeniero Daniel

Es curioso la poca cantidad de españoles que hay por aquí. Las razones son varias y creo que la mayoría son económicas. Los pocos que hay son catalanes o vascos. Viajando con pasaporte español se registran en los hoteles como catalán o vasco. Me gustaría verles viajar con el carné vasco, a ver donde llegan.

El caso es que coincidí con un ingeniero español el La Paz. De Barcelona pero trabajando en Lima. No conocía a Juanma, Javi o Darío. Habría sido mucha casualidad. En realidad trabajaba en un sector muy diferente.

Cierto es que coincidimos más bien poco pero me dio información muy interesante. Es lo que tiene hablar, hay veces que cuando se habla hay comunicación y se aprenden cosas nuevas. A Einstein le atribuyen la frase «una velada en la que todo el mundo está absolutamente de acuerdo es una velada perdida» que, aunque no se ajusta perfectamente al caso, da el sentido de intentar aprender siempre de los demás.

El Ingeniero Daniel me dijo varias cosas interesantes. En Perú él sigue siendo un joven teniendo que lidiar con proveedores y clientes mucho más mayores que él, pero le respetan porque él es el Ingeniero. Es algo difícil porque trabajando en mantenimiento de hospitales hay posiciones enfrentadas. Gente con mucha experiencia, con know how y una manera de hacer las cosas que puede chocar con la opinión del ingeniero, con el presupuesto y muchas veces con la legalidad.

En Perú, y en Sudamérica en general, se respeta el título por el valor que tiene. La dificultad de obtener un título de estas características lo hace valioso.

En España, las facilidades para ir a la universidad y la titulitis han hecho que ya nadie valore los títulos universitarios y que se pidan requisitos académicos grandísimos para ser repartidor en telepizza. Ley de oferta y demanda pura.

Aprendí muchas otras cosas interesantes. Sobre la idiosincrasia americana, por ejemplo, al valorar este título como posición o estatus hace que te consideren ‘superior’. Al estar por encima eres un medio para medrar socialmente. Esto genera conflictos de intereses y hace que sea difícil tener relaciones de amistad confiables ya que todo el mundo tiene segundas intenciones. En un país extranjero y sin una red de amigos y familiar esto es un verdadero hándicap.

Os pondré un ejemplo, el bueno de Daniel tenía un empleado modelo, trabajador y abnegado. Le pidió el favor a Daniel de contratar a su hermano. El Ingeniero no quería, estás entre la disyuntiva de tener dos trabajadores buenos o perder el bueno que tienes por usar el nepotismo.

Al final Daniel aceptó contratar al hermano no sin antes advertir que eso no era un cheque en blanco. Como suele ser habitual en estos casos el hermano salió rana. Alardeaba de su relación con el Ingeniero y no se presentó en varias ocasiones a su puesto de trabajo sin justificación. Daniel tuvo que despedirlo y eso generó tensiones. Tener que poner esa barrera entre vida personal y profesional es duro y hace que te aisles. La vida del expatriado puede ser dura.

También está el factor picaresca. «Esto es caro», «eso no se puede arreglar»… Daniel, además de ingeniero, es el hijo del jefe. Él aprendió como en la vieja escuela en un taller. Como mi padre me decía a mí: «en un taller se empieza barriendo».

Al ser el hijo del jefe él trabajaba el doble que los demás para que nadie lo acusase de enchufado y su padre escuchase: «¡Qué bien trabaja tu hijo!» en vez de cuchicheos diciendo: «ese es el hijo del jefe». Así que a alguien que ha estado bregando en todos los estratos del trabajo es más difícil de engañar.

– «¿Cómo que no puede ser arreglado? Vamos y lo vemos juntos»

Así Daniel se arremanga y baja al aceite a arreglar la máquina que tenía que esperar piezas de Alemania y descubre que simplemente el operario es un jeta. Así se gana el respeto de los operarios y hace que los demás no intenten engañarlo.

Tendría más ejemplos que daros pero lo mantendré breve. La anécdota que más me gustó fue una sucedida en España. En el mismo ámbito laboral, tras una tensa reunión con el Comité médico, se dirige al jefe de área para acercar posturas off de record.

– «Arturo, me gustaría…»

– «¿Arturo? ¿Acaso hemos comido del mismo plato? Usted se dirige a mí como Doctor que para eso he acabado la carrera de medicina»

-«Estoy de acuerdo, pero llámeme Ingeniero a partir de ahora, mi título no me lo ha regalado nadie».

La lucha de egos podría ser infinita. Un título en España vale muy poco y menos aún con los máster y todas estas mamandurrias nuevas. Si lo juntamos a las universidades privadas de chiste y a las públicas de pandereta hace que ser ingeniero o doctor valga muy poco.

Como bonus track diré que viajando con una israelí estaba intentando colgar la ropa pero el tendedero estaba roto. Me dijo:

-«Arréglalo, tú eres el ingeniero.»

Me sentí tan presionado que cuando volvió ya había encontrado una solución ingeniosa.

Me gustaría pensar que estudié ingeniería para arreglar problemas pero no creo que sea así. Además el resto de ingenieros no valoran a los informáticos. Al final el 90 por ciento del trabajo poco o nada tiene que ver con ingeniería.

Las fotos son bastante random de Arequipa.

3 comentarios sobre “El ingeniero Daniel

  1. El que todo tenga un valor relativo según de donde venga es así y así ya sido s siempre en en todo y para todo, un pollo en Burgos es eso casi paja para un burro, en Cuba por un pollo guisado con arroz se ponen a cuatro patas y ladran

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