La gente de Iván: toca un último chamamé, Teco

En mi casa ya no se celebra la Navidad, bueno se celebra pero ya no es lo mismo. Mi abuela se cansó de los compromisos de los demás. Como era imposible juntar a todos en Nochebuena o Navidad. Se inventó una fecha nueva. «La comida de la abuela». Así que el 24 o el 25 de diciembre ya no son tan importantes y el 26 sí que lo es. Nuestro significado de santificar las fiestas se entiende como reunirnos y recordarnos de vez en cuando que somos familia.

Mi prima, madre de su propia familia, nos dijo una vez «es la abuela quién nos mantiene unidos». Una vez que ella falle será más complicado encontrar una excusa para que nos unamos todos.
El año pasado, en la bautizada como «comida de la abuela», lo sé no es un prodigio de originalidad, mi abuela propuso un brindis: «esté o no esté yo prometedme que de aquí a diez años nos seguiremos juntando».
Es una sentencia terriblemente triste, primero por la obviedad que mi abuela no estará eternamente ahí y segundo por admitir que una vez que no esté nuestra familia estará inevitablemente menos unida.
¿Qué tiene que ver esto en un blog de viajes? Esperad a leer el final.
En Corrientes descubrimos a un personaje genial: Teco Gallardo. La vida de Teco no se puede entender sin el chamamé. El chamamé es la música popular de la región de Corrientes (Argentina).

Teco Gallardo, su cuñado Dolfi y su hija recorrieron toda la región, las adyacentes y el extranjero. Desde la región de Corrientes, Argentina de norte a sur y otros países limítrofes como Brasil, Paraguay o Uruguay. Llevando su música y su modo de entender la vida allá donde eran convocados.

Tocaban la guitarra de a dos pero con tres manos ya que el cuñado de Teco era manco. Eso les hacía especiales pero no tanto como su alegría de vivir y su amor por la música que es la razón por la que eran realmente queridos.

De Concepción nos trasladamos a Santa Rosa. Era una parada imprescindible para trasladarnos a Misiones y visitar las cataratas de Iguazú.
Allí conocimos a la tercera mitad de Teco. Hay gente que piensa que sólo se pueden tener dos mitades pero la gente excepcional puede tener muchas más. Si la pareja musical era un dúo con tres manos no se puede entender la vida de Teco sin su otra mitad en la vida: Doña Martha.

Conocer a Doña Martha fue una serendipia como cuando los árabes llegaron a Ceilán. Un rato con ella te hace ver que no es la media naranja de nadie, por sí sola ella es una naranja entera y puede que más de una.

Cito al hijo de Doña Martha:
«Un tío de Doña Martha donó el terreno para la escuela que ella fundó, en un paraje que era de la abuela paterna, actualmente lleva su nombre ‘Paraje la Marcelina’. La mamá de Doña Martha también era docente, hoy en día la escuela lleva su nombre.»

Ahora Doña Martha está retirada y ejerce de matriarca de la familia. Todo gira en torno a ella. Alejandro, el hermano de Joaquín, nos fue a recoger a la parada de bus y nos llevó a casa de Doña Martha, la piedra angular de una familia unida. También la ex-maestra de muchos de los miembros de ese pequeño pueblo.
En una tarde nos dio tiempo a vislumbrar la Argentina que hay debajo de esos titulares de macroeconomía y esas recomendaciones de seguridad de las guías de viajes. Vimos un lugar donde si te quieres ir de vacaciones alguien tiene que ir a vivir a tu casa pero también vimos la hospitalidad y un hogar abierto a desconocidos.
Pudimos asistir a una cena donde todo el mundo iba llegando a casa de la abuela y presenciamos como la nieta llamaba desde Alemania y comos todos admitían a la mesa a dos desconocidos. Si estaban allí por algo sería.
Yo me sentí triste, una familia unida es una familia feliz y las palabras de mi abuela acudieron a mi mente como un recordatorio, como un heraldo de que el tiempo esa finito y que nosotros somos los únicos dueños de nuestro destino.
Yo no he tenido la suerte de conocer a Teco. Murió antes de que llegara a Argentina pero vislumbré un poco de él a través de las palabras de su familia, del guía de Concepción y de aquellos que se cruzaban con nosotros en aquella pequeña comunidad. Todos lo recordaban con alegría porque, aunque ya no estaba, es lo que había transmitido toda su vida y es como quería ser recordado.
Su familia sigue celebrando su cumpleaños. Por supuesto lo hace con una fiesta porque es la manera de honrarle y de tenerle presente como a él le hubiese gustado.
Yo ahora estoy lejos de todo. Con el blog y con la mensajería instantánea intento estar más cerca pero eso no será suficiente. Nuestras decisiones egoístas nos pueden alejar de la familia y el tiempo nunca va a volver atrás.
Sólo quiero alertaros de la inevitabilidad del tiempo, de la importancia de nuestras decisiones, del Tempus Fugit… A su vez os invito a reflexionar a cómo queréis ser recordados. ¿Cómo os imagináis vuestro entierro? Echad un poco de humor los Platero y Tú hace años que imaginaron el entierro de Marabao.