La gente de Iván: una familia feliz

Hola Iván. Es un gusto poder ayudarlos en lo que este a nuestro alcance. Como le dije a Ariel, sus amigos serán tratados como nuestros amigos.

Nosotros vivimos en la ciudad de Eldorado. A 100km de cataratas y a 200 km de Posadas.
Mi esposa esta ambientando la pieza de una de nuestras hijas para que puedan dormir allí.

¿En serio? Nosotros sólo buscábamos las indicaciones para coger el autobús.

¿Qué dicen ahora los jóvenes? Viniste buscando cobre y encontraste oro.

Después de Corrientes y Santa Rosa no queríamos abusar de la amabilidad Argentina pero: como vas a negar la invitación a alguien que ha ofrecido acondicionar la habitación de su hija.

Desde el robo la verdad que nos montamos en la espuma y nos dejamos llevar allí donde nos llevarán las ola del destino.

Esta ola nos iba a traer a El Dorado, provincia de Misiones, Argentina. Un sitio sin duda improbable ese de El Dorado en un viaje por la inmensidad de la Argentina.

Dice Laurent Gaudé en su recomendable novela que: «El Dorado sólo existe en los ojos de aquel que lo busca».

Nosotros no buscábamos El Dorado ni ninguna tierra prometida, de ahí la sorpresa. Así que no había oro en ningún sitio ni siquiera al fondo de nuestras pupilas.

La familia de Mario nos acogió como nos había prometido, como amigos. Sentirse querido y arropado en una situación tan difícil es algo que nos llevaremos en nuestra memoria por un lado y al lado del corazón por el otro.

Los recuerdos especiales son algo extraño en un viaje de tantos meses en el que he vivido tantas experiencias increíbles, he conocido a tanta gente no convencional y he visto innumerables lugares que te dejan sin palabras.

¿Por qué destacar otra vez a los amigos de Ariel? Os cuento.

De primeras intuimos que no nos acondicionaron la habitación de su hija sino la matrimonial y el resto se reorganizaron cinco personas en dos habitaciones. Si lo hubiéramos sabido no podríamos haber aceptado la invitación.

Después tuvimos la oportunidad de conocer a las hijas. Tres niñas maravillosas. Eran algo así como las tortugas ninja, cada una con sus características especiales. Son hermanas y se parecen pero siguen siendo diferentes entre ellas.

  • Luana: la hermana mayor. Una pequeña madre que tiene que cuidar de las dos mellizas.
  • Sol: la chica alegre. Aquella capaz de llorar porque no le gusta el sombrero para ir a la cascada y aún así provocar una sonrisa en aquel que la observa.
  • Noa: mi preferida. Se comporta como una joven exploradora con una curiosidad inagotable. Dicen que la curiosidad mató al gato. Una mala traducción del inglés, en realidad lo único que puede salvar al gato es seguir intentándolo y probar cosas nuevas.

En una hipotética película de Hollywood con las niñas de protagonistas, seguramente Noa robaría un ídolo maldito y acudiría a Luana para que le sacara del apuro. Sol diría que no quiere ir que: «hay que decirle a mamá lo de la maldición». Nadie le haría caso y se embarcarían en mil y una aventuras que como en los Goonies siempre acaban bien.

Además de invitarnos a visitar las cataratas de Iguazú y las minas de Wanda con ellos, nos tomamos nuestro primer mate argentino y acudimos a nuestro primer asado de verdad.

El asado de verdad sólo puede ser argentino o uruguayo. El resto será asar carne o hacer una barbacoa. De hecho un argentino no puede hacer asados fuera de Argentina. Los cortes no son iguales, la carne no tiene la misma calidad,… Le faltarán excusas a un argentino.

He de decir que la carne y la comida en general fue excepcional pero eso era lo de menos. Poder compartir una experiencia verdaderamente Argentina es lo que cuenta.

Allí se sorprendían de que alguien pudiese dejar su trabajo y dar la vuelta al mundo. Cierto es que esto lo comenté con alguien con dos familias con 2 hijos cada una, hipoteca en la casa y operaciones de estética en Miami. Yo, humilde narrador, como posesiones terrenales sólo puedo destacar el Pocophone y una cartera con una visa.

Allí nos dieron un abrazo por haber conocido «la Argentina real». Allí donde te roban, allí donde la la gente honrada vive encerrada dentro de los barrotes de su casa mientras los cacos andan libres entre policías que no hacen nada por apresarlos.

Viajar consiste en intercambiar experiencias. Un turista o un viajero raras veces experimenta la realidad de un país. Por mucho que quieras convivir, la experiencia real es sacar patatas durante 14 horas para después llegar a casa, ver la tele y dormir por seis dólares en Bolivia. La experiencia real es trabajar 40 años yendo y viniendo al banco para que una crisis ficticia se lleve tus ahorros en Argentina.

La realidad apesta la mayoría de las veces y por eso los viajeros huyen de ella. Huyen porque pueden. Algunos buscamos encontrar una realidad donde estemos a gusto otros simplemente siguen el principio de patada a seguir y asumen su vida como un viaje continuo con relaciones someras y planes a tres días.

Yo no busco esa experiencia real, me conformo con poder tener una conversación. Con ver los códigos. Con compartir una cerveza. Con saber algo más al final de la noche que no sabía al inicio de la velada.

«una velada en la que todo el mundo está totalmente de acuerdo es una velada perdida».

El refranero dice que de todo se aprende, no es cierto, el aprendizaje depende de cada persona. Como dice la canción:

«aprendo poco y malo

para mal de mí salud»

Pudimos comparar realidades. Una pareja había estado viviendo en España. Sobreviviendo con cualquier trabajo, viviendo 3 parejas en un pequeño piso de Barcelona. Ahora vivían en una casa con piscina al lado de amigos y familiares pero aún pensaban en volver. La vida es cuestión de prioridades y la realidad de cada persona es diferente.

Yo establecí este viaje como prioridad. He sacrificado muchas cosas por él. El tiempo dirá si me equivoqué o no. En cualquier caso almacenaré cerca de mi corazón todas las experiencias en las que me he sentido querido.

Ese fin de semana acabó con una despedida en la estación. Las niñas se sentían tristes por perder a sus nuevos amigos pero sé que en el fondo querían volver a su rutina de familia feliz.

La mayoría de las realidades apestan pero entrar, aunque sea de refilón, en la realidad de una familia feliz es un privilegio. Todas las familias tienen problemas, por supuesto, de todas maneras si el motivo del viaje es encontrar un lugar al que pertenecer me encantó este ejemplo. Lo tendré en cuenta cuando busque el final de mi viaje.

2 comentarios sobre “La gente de Iván: una familia feliz

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s