La gente de Iván: ¿con qué sueñan los ricos?

Gran parte de los viajeros que visitan la Patagonia experimentan la misma sensación: Está llena de israelíes. Por extensión todo el cono sur pero de eso hablaremos en otra entrada. Esta superpoblación de adolescentes sin educación crea un ¿antisemitismo? entre el resto de viajeros que prefieren evitarlos.

La cara de la auténtica felicidad

Yo, que siempre voy al filo de la navaja con mi suerte, decido no arriesgar y pregunto antes de contratar la excursión:
– “¿Pero hay muchos israelíes? Si hay muchos israelíes voy a otro lado.”

Todo esto reconociendo que las israelíes están muy buenas y más si siempre ves a las de veintipocos. Como el karma tiene un sistema un poco cruel de expresar sus equilibrios y la palabra de un agente turístico peruano tiene tanto valor como la divisa de Venezuela, acabé yendo a la Montaña de los 7 Colores con demasiados israelíes. 24 chavales israelíes, 2 chinos y un colombiano. Como no había vuelta atrás y sabía que el día iba a ser duro decidí hacer de tripas corazón y continuar.

Cuando a eso de las seis de la mañana conseguí llegar al autobús intenté sentarme pero estaba casi todo lleno. Los pocos espacios que quedaban libres me decían: “está ocupado”. Me recordaba al primer día de colegio de Forrest Gump. Creo que si la sensación no hubiese sido de profundo odio incluso hubiese llorado para retrotraerme a mi primer día de escuela en la América rural en la que nunca he vivido. Por suerte soy un hombre de recursos y cuando me han hecho bullying siempre he acudido al profesor, así que pregunté al chófer si podía sentarme a su lado. Ventajas de los países hispanohablantes. El guía comprendiendo la situación hizo que nos acomodáramos en la parte de adelante el guía, el conductor y yo.

Los selfies se llamaban foto capullo

Allí estuvimos hablando de lo divino y de lo humano. Más de lo humano en realidad. El guía se vanagloriaba de que después de 24 años en la profesión ya sabía tratar a esta gente y que a él “no se le subían a las barbas”. En cualquier caso le dimos pena los cuatro aliens he intentó hacer un cambio con el otro autobús que era multicultural. En el otro autobús había tres israelíes que se negaron a viajar con los otros 24 y hacer ese cambio. «Que ellos tenían más categoría y no querían viajar con esa gentuza» pensarían así que nuestra suerte estaba echada y la permuta para hacer un viaje de una única nacionalidad no se produjo.

A todo el mundo le gustan los gatetes

El guía, medio broma medio en serio, me dijo:

-”Yo sólo quería poner a todos juntos y luego poner una bomba al autobús.”

Yo sonreí sin malicia porque ya comentamos en una entrada anterior que toda broma esconde un poso de verdad.

La única concesión que nos dio fue:

-”Tirad vosotros delante que si tenéis que esperar a esta gente os vais a encabronar, es muy fácil todo recto siguiendo el camino.”

El guía

Como veis la utilidad de los guías muchas veces se muestra escasa pero así tuve la oportunidad de evitar a los israelíes y conocer a David, nombre inventado pero en realidad se llamaba David. Nada que ver con judíos esta vez.

Los pocos que habéis seguido mis aventuras creéis que sólo he conocido mala gente en América pero no es cierto. En mi camino me he cruzado con innumerables (tengo problema con números más altos que el cinco) personas oriundas del continente que me han dejado buena impresión pero ese tipo de encuentros no suele dar para una entrada.

Así que como comentábamos el otro día hice la ascensión al Winikunka (que no tiene nombres esta montaña ni nada) con el colombiano. Él había tenido muy poca adaptación a la altura y yo ya llevaba más de una semana en Cuzco y alrededores. Intenté facilitar su subida con los caramelos de coca y otros trucos pero el que no puede no puede y da la casualidad de que él si que podía. Así que llegamos bastante rápido a la cumbre pudiendo sacar fotos y disfrutar del paisaje sin que pareciese el corte inglés.

Cuzco vs Cusco

A la vuelta íbamos encontrándonos con los israelíes que se habían ido desperdigando, muchos habían optado por la opción burro aunque no creo que ninguno llegase a los 23 años y acaban de salir del servicio militar. Como parecía que íbamos a ir bien de tiempo decidimos seguir el otro camino sin saber que nos iba a llevar al Valle Rojo. Allí sucedieron dos cosas maravillosas.

Primero hablaré de la serendipia que nos produjo llegar al Valle Rojo y disfrutar el paisaje solos. Allí mi amigo espetó:
-”Mi padre cuando ve cosas así dice:’¿Con qué disfrutan los ricos?’”.

La frase, aunque no necesita explicación viene a decir que hay muchas cosas en esta vida que no se pueden pagar con dinero, en este caso como pagamos entrada sí pero eso es otro tema.

La segunda y más emocionante de todas y es que aunque en Colombia existen los nevados y por lo tanto la nieve la mayoría de su población nunca ha visto nevar. Así que cuando empezó a caer una agua nieve a más de 5000 metros David se preguntó:

-”¿Es esto nieve?”.

Si el paisaje merecía la pena, ver la cara de la auténtica felicidad no puede tener precio. Sé que la profesión de fotógrafo es desagradecida por violar la intimidad de muchas personas anónimas y que por eso Emer abandonó el oficio. En mi caso, como un voyeur más, tomé esa foto. Para plasmar el instante de la felicidad absoluta y quedarme con ese recuerdo. No me siento culpable porque sé de buena tinta que lee este blog.

Cómo no todo puede ser bonito en una historia real y los finales felices no son más que historias inacabadas, tuvimos que volver a la realidad que en aquel caso era descender y enfrentarnos a un grupo de israelíes que nos habían estado esperando. Nosotros habíamos subido a dos rutas y ellos sólo una. Nuestra sorpresa llegó cuando en el bus sólo había unos pocos. Tuvo que pasar más de hora y media hasta llegó la última. El guía, muy nervioso me dijo:

-”Nunca había estado tan cabreado en mi vida.”.

Creo que sus 24 años de experiencia no fueron suficientes y que empezaría a pensar en cambiar su profesión a sexador de pollos.

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