La fábula del sabio eremita

Ya veníais prevenidos. Esto no es un blog de viajes al uso, así que para compartir lo aprendido, hoy toca una fábula; que blogs de viajes ya hay muchos.

Kailāsh es un monte en la cadena Gangdisê donde se supone que habita el sabio eremita

Sagar nació en la India. Su familia consiguió surfear la ola del progreso y se enriqueció, así que Sagar, como sus hermanos y primos, fue enviado al extranjero para realizar su educación superior. Él, como casi todos los indios, fue un alumno ejemplar que siempre destacó en lo académico y se graduó con honores en una Big Three.

Poco después de su graduación Sagar se enfrentó a un problema para el que no encontró solución. Su educación occidental no le había preparado para todos los desafíos de la vida moderna. Él recordó que cuando su familia aún no era rica su abuelo le llevó a un retiro con un sabio ermitaño. Después de aquella experiencia el negocio familiar floreció. Por lo que Sagar se embarcó en un viaje de vuelta a sus raíces en busca de una respuesta que la educación formal era incapaz de darle.

Cuando visitó su población natal la gente se reía de su propósito. Preguntó a un mísero vendedor ambulante, con el que había compartido pupitre en la escuela primaria, sobre el paradero del sabio. El hombre estalló en carcajadas.

– “El sabio hace años que no es sabio. Son tonterías de los abuelos. Yo fui a preguntarle si mi negocio tendría éxito y no supo qué contestarme”.

Esto desanimó a nuestro protagonista a las primeras de cambio. El sabio había gozado de una gran reputación en el pasado y los ancianos del poblado lo habían honrado y agasajado en su retiro en las montañas. Sin embargo las nuevas generaciones lo tomaban por un chiflado ya que no había sabido dar las respuestas adecuadas en la era de la inmediatez.

Sagar se sentía triste. Durante su viaje había albergado la esperanza de que encontraría respuestas en sus orígenes pero al parecer el gurú sólo lo es si la gente cree en él y este había perdido la confianza de su entorno.

Al menos, aunque no lo había previsto, empleó el tiempo que había planificado para hacer la ruta hasta la caverna del eremita para hablar con su familia.

– “Abuelo, recuerda usted aquella estancia en la caverna del eremita. Yo venía buscando respuestas pero ya me han dicho que esas respuestas se han acabado”

El abuelo observó a su nieto con detenimiento. Nada quedaba ya de aquel niño curioso que se pegaba a sus piernas cuando no levantaba un metro. Un apuesto hombre de negocios lo miraba con la cara apesadumbrada, esa cara nada tenía que ver con la inocencia infantil.

– “Hijo mío, mis piernas me impiden salir de esta casa. Hace muchos años que no puedo visitar a Mishka, nuestra generación nunca le consideró como un sabio, era más bien un amigo o un consejero con muchas respuestas a muchas preguntas. ¿Has hecho un camino tan largo y vas a tirar la toalla sólo por seguir el consejo de alguien que vende helados durante 16 horas al día?”

Su avión salía en unos días, aún tenía tiempo de subir a la montaña y volver. Se decidió a ello. Siempre había admirado a su abuelo y esa estima permanecía.

Cuando llegó a la caverna el panorama era desolador. En otros tiempos las ofrendas de fruta fresca abarrotaban la entrada pero ahora al coronar el último escalón. Sagar sólo vio comida putrefacta y moscas. Los ancianos no estaban en condiciones de subir aquel empinado paraje y los jóvenes ya no estaban interesados en recibir consejo.

Cuando entró dentro de la caverna la imagen no era mucho mejor. Mishka dormía en un camastro en posición fetal. No sabía hacía cuánto tiempo nadie se ocupaba del decrépito anciano. Lamentablemente su tiempo era limitado y tenía que volver a América. Así que se dio media vuelta y encaró la puerta.

– “Sagar, hijo de Devendra, nieto de Aryam. ¿A qué debo su visita?”

– “Mishka, venía a pedir consejo pero no quise importunar su sueño”

– “¿Has cruzado el océano para llegar hasta aquí y no creías oportuno esperar?”

– “Lo siento, Mishka. Tengo que coger un avión”

– “Está claro que lo que tuvieras que preguntar no era importante, sino le hubieras dedicado el tiempo absolutamente necesario”

Esto le enfadó a Sagar que replicó.

– “Ahora nadie cree en usted y no me extraña, si ni siquiera es capaz de mantenerse usted solo cómo va a ser capaz de dar consejos a aquel que lo necesita.”

– “Hijo mío, reconoces que durante generaciones di buenos consejos a la gente del poblado, sin embargo la palabra de un vendedor ambulante es más importante que la mía. No obstante tienes razón. Durante años la gente del poblado se ocupó de mi bienestar y yo ahora soy incapaz de cuidar de mi hogar porque nunca aprendí y soy demasiado mayor.”

– “Nunca se es demasiado mayor para aprender.”

– “Cierto, yo di ese consejo muchas veces.”

– “Creo que una persona que no puede seguir sus propios consejos no debería tener el valor de darlos.”

Con esa frase lapidaria Sagar salió de la morada del eremita. Sin embargo al ver el lamentable estado en el que se encontraba decidió dar la vuelta y ayudar a quién había sido el mentor de generaciones enteras. Limpió, recogió y cocinó durante días. Cuando estuvo listo descendió al poblado y cogió otro billete de avión.

El vendedor ambulante con una sonrisa en los labios le preguntó:

-“¿Te ha dado el gurú las respuestas que andabas buscando?”

-“No me ha dado ninguna respuesta, sin embargo he encontrado lo que andaba buscando”

En el avión, Sagar reflexionó y se dio cuenta que demasiadas veces damos mucha importancia a los consejos de los demás cuando no hay nadie mejor que nosotros mismos para saber qué es lo que nos conviene.

También se dio cuenta que en la cultura de la inmediatez queremos respuestas ipso facto cuando nadie nos las puede dar. Estamos más dispuestos a creer en alguien que nos da una contestación sin dilación que emplear el esfuerzo necesario que requiere obtener la solución óptima.

Por último reflexionó que no siempre lo urgente es lo importante.

Cuando aterrizó fundó AliBaba y ahora es el hombre más rico de la tierra

Esto podría ser un monte sagrado de la India pero es Bariloche

Esta fábula intenta enseñarnos que aunque hay que escuchar los consejos de los demás debemos evaluarlos y ponderando la fuente. No todo lo que está escrito o es dicho es cierto y no todas las soluciones son aplicables universalmente.

No hay que fiarse de lo que está escrito. El fundador de AliBaba es chino y Sagar es el nombre de un excompañero de trabajo al que valoro mucho. Esta fábula está basada en un capítulo de Los Simpsons y no en sabiduría hindú. Kailāsh es un monte sagrado pero la foto es de una montaña de Perú.

Si habéis llegado hasta aquí espero que no sigáis mi consejo ya que no quiero ser un gurú (a no ser que me pagues por ello y me conviertas en coach). Lee, escucha, analízalo y si quieres síguelo pero será tu decisión. Son nuestros miedos e inseguridades quienes nos hacen seguir consejos equivocados de otras personas para descargar nuestra responsabilidad. Es un síntoma claro de la infantilización de nuestra sociedad.

En cualquier caso esto es sólo una fábula y mañana seguramente sea un día más de trabajo.

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