Huayna Potosí: el síndrome del montañero

Introducción

Hace tiempo que quería escribir una entrada sobre el “Síndrome del Montañero”. Sinceramente no sé hasta qué punto se usa en psicología, pero se adapta a la perfección a este viaje en general y a esta entrada en específico. Transmitir un concepto que no domino, hacerlo en modo de cuento a la vez que transmito un viaje y una idea personal constituye un reto; de superación va esto.

La verdad está ahí fuera, sal si quieres encontrarla

«Si hay algo que no eres capaz de explicárselo a tu abuela y que lo entienda es que no lo has comprendido bien.»

Albert Einstein

El reto: Huayna Potosí, ascensión a más de 6000 msnm

Para ponernos en contexto espero que hayáis leído esta entrada.

Cuando te quedas a un paso del éxito es más fácil volver a intentarlo. Más viejo, más listo, más experimentado y mejor preparado; eso sería lo ideal para triunfar, pero no suele ser la norma.

El Huayna Potosí se supone que es de los seis-mil más fáciles. Yo que me crié viendo Al filo de lo Imposible y este tipo de cosas sólo lo hacían un puñado de elegidos por la genética y la televisión. La globalización y el Efecto Decathlon hacen que casi cualquier muerto de hambre pueda intentarlo y que gente como yo, hasta lo consiga. «¿Os he contado el final?» Eso no es lo importante. Espero poder transmitir la idea que la meta no es el final, esto va a estar lleno de spoilers.

En el dibujo todo parece más fácil de lo que es

A nivel técnico: en la Cordillera real, no demasiado lejos de La Paz se encuentra el Huayna Potosí, cierto, ya he empleado los vocablos «Wayna», «Huayna» y otros para referirme a «cerro o montaña», ya veis, cada uno transcribe en quechua como quiere. Ciudades con legua oficial, separadas por un par de cientos de kilómetros hacen lo que estiman adecuado para la ortografía, no seré yo quién para corregirlos. Ya ves, al final no va a ser ni quechua en aimara (Huayna=joven + Potosí=cerro).

Está cerca de la capital, es accesible por carretera y la cima no requiere un conocimiento depurado de técnicas de rappel y escalada. Al parecer el cambio climático ha convertido un ascenso bastante sencillo en una montaña bastante más compleja y peligrosa, ahí no me meto. Los expertos la siguen considerando una de las cumbres más accesibles para los aficionados. En cualquier caso, subir a más de 6.000 metros es un desafío para cuerpo y mente. La ruta francesa es bastante más complicada y esa es un poco más para héroes, nadie consiguió ascender mientras estuve allí.

«Subir una montaña sin preparar una expedición de al menos 10 días es como no haberla subido.»

Un canadiense que me encontré en S.P. de Atacama

EL poder de la Experiencia

Ya tenía el reto: ascensión humana a más de 6000 metros.

Preguntando por la posibilidad de ascender los touroperadores me decían que no iba a tener ningún problema. No sé si realmente tenía un aura de deportista de élite o era un método de venta. También ayuda que ellos se lo venden a deportistas de élite y a jubilados adinerados con forma física más que deficiente. Para la Carretera de la Muerte ni te preguntan si sabes andar en bici. En Chacaltaya, la guía me envió solo como las liebres ‘para que no me aburriera’.

“Tú tienes pinta de andar”.

Guía de montaña

Cogí un día más para estrenarme en la escalada en hielo e ir sobre seguro en la aclimatación. La escalada con piolets y crampones fue tan exigente y extenuante que le di mucho más valor a los profesionales de verdad. Como no nos llevó mucho tiempo contribuir a la desaparición de los glaciares el resto de la tarde fue muy aburrida.

Sí, soy yo el de la foto

Subida al campamento base

Ya tenía la preparación: estado físico óptimo, entrenamiento en técnica y aclimatación a la alta montaña.

Más la localización, el dinero y el equipo, claro está. Ahora empezaba la aventura. Mis pertenecías eran bastante escasas, pero todo el material de seguridad y de escalada hacían una mochila bastante complicada de mover hasta más de 5000 metros.

Echaré de menos esa mochila de ‘pros’

Ascendimos bastante bien, sobre todo comparado a los otros grupos que vimos en el camino. Teníamos otra vez toda la tarde de tiempo libre pero esta vez el campo base estaba lleno. Allí conocí a Elsa, volví a coincidir con la noruega Emma y mi compañera de viaje era la francesa Alexia. Todo muy internacional.

El campo base parecía una reunión de la ONU. Los coreanos se quedaron flipados con mi conocimiento de su idioma. Al parecer mi acento es perfecto para decir: “lo vamos a conseguir”. Yo sólo digo “Jesuitá” con entusiasmo, eso unido a que hablaba francés con los franceses, español con los locales e inglés con los demás les dio por pensar que era algún tipo de genio del renacimiento. Nada que pudiese eclipsar a Elsa que era la estrella, os recomiendo repasar la entrada.

El día de la carrera

Irse a dormir a las cinco de la tarde, en un refugio lleno de gente para despertarse a media noche no es la mejor preparación para realizar una prueba física exigente. Os podéis imaginar que nadie pegó ojo y alguno por la mañana ya decidió que ni lo iba a intentar.

Por alguna razón nuestro guía tenía una confianza ciega en nosotros, así que salimos los últimos. Según salimos nos dijo: «si no llegamos antes del amanecer a la cima, nos volvemos.» Algún grupo había salido a las 12 y nosotros lo hicimos a las 2 de la mañana teniendo que llegar al mismo sitio. ¿Quién dijo miedo? Es de esos momentos en que odias la idiosincrasia local, no sabes si se están riendo de ti o te están motivando.

No es el Everest pero está muy concurrido

Con la motivación extra fuimos cogiendo a los más rezagados. Era más que obvio que no llegarían a la cima. Al ir pasando grupos nuestro guía decidió que era mucho mejor ir por nieve virgen que andar por el camino trillado.

  • “De estamina ahora ando bien, pero me gustaría llegar bien a la cima por lo que pueda pasar. ¿Por qué somos los únicos idiotas que no van por el camino?” – le dije-.
  • “Lo que tienes que hacer es andar más y hablar menos.”- me contestó-.

Eso sólo le daba más épica al asunto. En cualquier caso, el tiempo esta vez sí que acompañó. A diferencia de los vientos de 40 km/hora con los que nos dio la bienvenida el Misti gozamos de una noche despejada. La luna se reflejaba sobre la blandura de la nieve y había un halo en las nubes que mi cámara no era capaz de captar. Lo agradezco, hay sitios que sólo deberían disfrutar aquellos que han hecho un enorme esfuerzo por llegar a ellos. La globalización e Instagram han matado la mayoría de los paraísos en la tierra de los últimos 50 años.

Imposible plasmar la belleza de una noche en la montaña

Disfruté mucho del trayecto hasta que llegamos a la última parte del recorrido. Allí, a Alexia le dolía mucho la cabeza. El trato es simple, si uno de los dos se vuelve se vuelven todos. Por ley un guía sólo puede llevar a dos personas y siempre encordadas y con casco. Eso es la ley; a unos guatemaltecos que se quejaron de que su guía iba parándose para enseñar a su hijo la labor de guía y después hacía esprines, después de recriminárselo los desató y los dejó en mitad de la montaña.

Después de casi 4 horas de ascensión sólo quedaban como 500 metros. Lamentablemente eran los ejercicios extra que pone la profesora de física para los que quieren sacar matrícula. Un desnivel no apto para aquellos que habían quemado todas sus fuerzas. Fue duro, fue peligroso, pero mereció la pena. Nosotros lo conseguimos y lo consigue más menos 3 de cada 4. En la cima han llegado a coronar 60 personas el mismo día.

Esta foto no es de la cima, la cima no es un sitio agradable

Reto Conseguido

Conseguir un reto a priori es siempre bueno, pero disfrutarlo no es tan sencillo. En la cima, hace viento, hace frío, has quemado todas tus fuerzas y encima toca volver. Las fotos que no sacaste por el camino se quedarán en tu memoria, son recuerdos de oportunidades perdidas por priorizar algo que considerabas más importante. Ahora estás por encima de las nubes y esos paisajes han quedado atrás. No hay tiempo para disfrutar porque llega más gente y es muy peligroso. Al final el objetivo se consigue, sonríes unos minutos te sacas una foto intentando no morir congelado y toca bajar.

El subidón de la adrenalina desaparece. En el descenso, esa foto que dejaste para después ya no está. Sacrificaste mucho para llegar. Además, tienes que volver rápido. Después del amanecer la montaña es peligrosa, la nieve se derrite haciendo todo muy resbaladizo y dejando grietas de más de 30 metros que se podrían tragar un autobús, no obstante sólo las verás una vez te hayan engullido porque hay una capa superficial a modo de trampa.

La vuelta

Volvimos rápido, es impresionante lo rápido que sube la temperatura una vez que amanece, sobran todas las capas que faltaban por la noche cuando hacía -15º. Llegas al refugio, pero es sólo un primer paso, queda bajar al primer campo base y después buscar un transporte hasta La Paz. Es un día largo, una comida de despedida y a descansar. Después de llevar 36 horas sin dormir y haber subido una de las montañas más altas del mundo el cuerpo pide descanso, pero la cabeza no puede. Acabo saliendo a las 7 de la mañana de un after, ahora sí es tiempo de dormir.

El síndrome del montañero

Subir a una montaña es un ejemplo muy claro para explicar este proceso psicológico.

Básicamente: te propones un reto, te ilusionas, te motivas, haces un gran esfuerzo para conseguirlo. Cuando subes la montaña ves muchas cosas bonitas por el camino, compañeros, paisajes, … Llega un momento que llegas a la cima. Lo has conseguido, pero en la cima hace frío . Se ha pasado la adrenalina y la motivación mental ha roto sus barreras. Llega el bajón, el reto que ha ocupado tu vida ha pasado de repente a ser un recuerdo. El éxito ha dado un flujo de endorfinas efímero. Ni siquiera puedes descansar, porque aún queda bajar que puede ser incluso más difícil de subir. Nadie le da mérito a bajar. No puedes sacar energía extra de algo que no tiene crédito. Además, el reto era tan difícil que has llegado sólo a la cima y no tienes a nadie con quién compartirlo. Da igual lo contarás en el bar.

He llegado a la cima ¿y ahora qué?

Una vez abajo llega el bajón. Toda la motivación mental, el esfuerzo físico, lo has conseguido y tienes una sonrisa en los labios, pero te sientes vacío por dentro, Lo que te estuvo llenando durante un tiempo en tu vida se ha ido dejando un hueco irremplazable.

Lo cuentas en el bar. Has quedado con familia y amigos para celebrarlo. Ellos te felicitan, al principio lo agradeces, luego piensas que a nadie realmente le importa, que ni siquiera entienden que el esfuerzo merezca la pena. Si no fuera poco, Manuel llega a la fiesta. Él no sólo ha subido esa montaña media docena de veces y otras muchas mucho más altas, una vez incluso lo hizo de noche, en pijama, en una ventisca guiado por una brújula que había fabricado con un clip y alumbrado por una vela para salvar a una excursión de niñas de La Salle y a tres gatitos. Te da la mano y te dice: «Enhorabuena, yo empecé parecido.»

Ahí te das cuenta de que no has conseguido nada, que no era tan importante tu reto. Llenas tu vacío con un reto aún mayor y no te das cuenta de que llegará el día que no haya una montaña más alta. Te darás la vuelta y echarás la vista atrás y llorarás no de felicidad sino por todas aquellas fotos que dejaste pasar por el camino por conseguir un reto que al final has descubierto que no era tan importante.

No os toméis esto al pie de la letra. Soy un psicólogo-teórico frustrado que no ha entendido de todo un término y lo explica como puede.

Otros ejemplos

Carlos

Carlos estaba gordo. Se planteó perder 10 kilos en un año. Dieta, muchos sacrificios, nutricionista, entrenador personal, tardó dos años y pero perdió 15 kilos. Carlos está muy feliz su familia le felicita. La nutricionista le invita a sacarse la foto de después. En la sesión de fotos coincide con otro chico que perdió 30 en un año. Los compañeros de gimnasio le felicitan, pero sus cuerpos parecen esculpidos por artistas griegos en mármol de Carrara.

10 años después Carlos gana un concurso de culturismo para gente senior. Llora; lo ha conseguido. Echa la vista atrás y ve que su novia no lo abraza porque se cansó de que no tenía tiempo para ella y le abandonó. Se tomaría unas cervezas para celebrarlo, pero ninguno de sus amigos bebe alcohol y se acuestan a las 20:30 para empezar sus rutinas a las 5 de la mañana. Carlos no soporta su depresión y toma un cóctel de pastillas.

Son sólo vitaminas, anabolizantes y esteroides son las cinco de la mañana y toca piernas. Habrá que pensar en el siguiente concurso.

Ana

Ana es la primera de la clase. Siempre lo fue y no le costó nada conseguirlo. Consigue una beca en Pensacola, pero eso es otro nivel. Por primera vez no es la más lista. Eso es una gran decepción. Se encierra en la habitación y dedica el poco tiempo que no está en clase para estudiar. A base de cafés le roba horas al día y al sueño para poder estar mejor preparada. Cinco años después, por un estrecho margen, consigue licenciarse y ser la primera de la promoción. Vuelve a casa a ver a la familia que no ha visto por no poder tomarse vacaciones. Le pregunta que qué tal fue: la respuesta es «bien». Ninguna anécdota, ningún amigo, ningún novio, ni ninguna visita a un parque natural, … cinco años y un título. Eso ha sido todo. ¿Ahora qué?

Cristina

Cristina es una mujer hecha a sí misma, empezó como secretaria y ahora tiene un equipo de 20 personas. Les presiona, pero ella siempre es la primera en entrar y la última en salir. Ha batido el récord de ventas 25 meses consecutivos. Sus subordinados no aguantan la presión y acaban yéndose. El jefe sabe de su valía y la recomienda para la central con una nota: «Muy exigente, competente pero de difícil trato personal».

Ahora tiene un cargo de gerente y un gran despacho en la planta 25. Su secretaria sólo entra en su despacho lo necesario. Ella entra con un café negro muy cargado con un aspecto apocado, Cristina le sonríe le recuerda a sus inicios. Coge el café y mira por la ventana.

Se pone a llorar, tiene 60 años y está sola mientras la secretaria le ha pedido salir antes para dar una sorpresa sexy a su novio. Mira hacia atrás y se da cuenta que las ventas no le importan a ella ni a nadie y decide saltar.

Salta de la silla para ponerse a trabajar que es lo único que sabe hacer.

Conclusiones

El otro día me preguntaban que cuál era la respuesta a mi entrada. No soy tan pretencioso para pensar que tengo respuestas para todo. De hecho, las respuestas las tengo, pero muchas están equivocadas y otras no valdrían para ti.

Lo siento mucho pero tendrás que tomar tus propias decisiones.

3 comentarios sobre “Huayna Potosí: el síndrome del montañero

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