Una serie de catastróficas desdichas 4: un viaje de mierda

Las guías de viaje están llenas de experiencias inolvidables que invitan a viajar. Pero ¿es siempre la vida de color de rosa? Como es más fácil sacar conclusiones y aprender de las malas experiencias se crea esta sección porque los planes no siempre salen bien. Hay un mundo ahí fuera dispuesto a acabar con tus sueños e ilusiones y es mejor estar informado.

 Una serie de catastróficas desdichas
Cuando lo que deseas está muy lejos

Facebook y el sesgo cognitivo

Vaya vida de mierda llevas. Mientras tú te aburres en una oficina con un trabajo que no te gusta con un jefe que te hace la vida imposible decides meterte a Facebook. Esa es tu venganza personal como haces pagar tu frustración a tu jefe.

El remedio es peor que la enfermedad. Tu mejor amigo tiene unas fotos geniales. Fiestas, bodas, vacaciones en sitios paradisiaco con una chica guapísima. «Un momento«. A esa chica la conoces, es su mujer y se llevan fatal. En bikini y con gafas grandes de sol gana, pero siempre fue fea. Quedas con tu amigo todos los jueves a tomar cervezas que acaban en chupitos de whisky y en proclamas por otra vida porque la vuestra apesta. Si su vida apesta ¿por qué parece tan feliz en Facebook?

El sesgo cognitivo que produce mostrar nuestra propia vida sólo como caso de éxito hace que nuestros contactos puedan envidiarnos haciendo de inmediato sus vidas más miserables. Un día decidí no publicar mis fotos de las vacaciones en Facebook porque sino tendría que poner una foto diaria desde la oficina para hacer la comparación 220 jornadas de mierda para tener mis 15 días en agosto. Desde esa perspectiva seguro que genero menos envidia.

En realidad, esta entrada es una oda a los placeres comunes si queréis saber más podéis escribir en Google: “el placer que da cagar”. Mis lectores más fieles ya se lo están oliendo, esta va a ser una entrada de mierda. Me ha llamado especialmente la atención el artículo «Cagar sin manchar: un físico nos explica el ‘perfect’ científicamente».

Sinceramente viajar es un placer, horas en tuk tuk comida en la calle, sitios maravillosos, pero llegas a un hotel por la noche en un baño limpio y desatascos todos los noodles acumulados durante el día. Piensas en como has pasado la jornada y sin lugar a duda decides que estás en el mejor momento del día.

De cagar nadie se escapa:
caga el rey, caga el papa,
caga el buey, caga la vaca
y hasta la señorita más guapa
hace sus bolitas de caca.

Un poeta

Todo incluido

Así que mientras envidias el viaje por Sudamérica de ese compañero de la oficina que nunca te cayó bien el no te cuenta que, en el bus e 15 horas a Rurrenabaque, un vehículo con las pegatinas de Wi-Fi, 7 estrellas y W.C. por supuesto no tiene baño. No vaya a ser que lo tengas que usar. Ese tío que no usó el baño en las 27 horas entre El Chaltén y Bariloche se siente descompuesto y necesita urgentemente evacuar el pollo con arroz de la cena que recorre sus entrañas como ácido de la boca de un alien. Lamentablemente estos autobuses 4×4 tienen a los pilotos aparte. Tras hacerse un hueco entre los equipajes consigue suplicar que paren para poder depositar su paquete. Le dicen que en un rato pararán en una estación de servicio. Él se siente aliviado, pero no demasiado porque el ácido le está haciendo pasar uno de los peores momentos de su vida. Parar en una estación de servicio es un eufemismo de «parar en mitad de la carretera a cambiar de conductor«. Una estación de servicio se vislumbra al fondo, pero el conductor le urge a hacer sus necesidades allí en mitad de la carretera. Lo bueno de la desesperación es que no es amiga de los escrúpulos así que el ácido es evacuado para regocijo de los habitantes de la jungla.

Ellos luchan por el Trono de Hierro pero en realidad desean esto

La diarrea del viajero es un asunto muy serio y puede hacer que un viaje inolvidable lo sea por los motivos equivocados. Pastillas para el mareo, estómago, … todas pueden ayudar, sin embargo, hay veces que la solución está mucho más allá, cuando veas tus heces cubiertas de la sangre de tus intestinos pensarás que es un buen momento para ir al hospital. Si es que este hospital existe. En mitad de la selva tu mejor amigo será un rollo de papel higiénico y el recuerdo de una taza limpia con cisterna. Mientras tanto colocas la foto de un simio tope mono en Instagram. Tu mejor amigo la mira con envidia y pone un ‘me gusta’, todo desde una pieza de mármol a la que ha acoplado un maravilloso sistema que proviene de Japón que lanza chorros de agua caliente para dejar su ojete limpio.

Qué mala es la envidia

La envidia es algo malo porque nos desvía de nuestros objetivos. Desear lo que no se tiene puede ser positivo para mejorar y tener una motivación, eso no quiere decir que cada vez que abramos nuestras redes sociales tengamos que comportarnos como un niño malcriado el día de la comunión de su hermana. Tú ves al papa en el balcón del Vaticano y él se imagina a si mismo en chándal con una batamanta.

Imagínate al Papa en chándal

Su santidad en chándal

con una gorra de hélice y chanclas

Surfin papa – Mamá Ladilla
El trono con las mejores vistas del mundo

Lecciones aprendidas

  • Son más felices aquellos que se fijan en aquellos que están peor que ellos.
  • Ten a mano siempre un rollo de papel higiénico.
  • Ningún intestino es inmune a los designios de la naturaleza.
  • No se puede confiar en un boliviano.
  • Cuidado con lo que deseas.
  • Disfruta de las cosas pequeñas. Los grandes hitos son grandes por escasos si hay muchos dejarás de apreciarlos. Sin poder sacar el jugo a las pequeñas victorias, sin disfrutar de los placeres cotidianos nuestra vida será privada de grandes dosis de endorfinas necesarias para que nuestro efímero trayecto entre nuestro nacimiento y nuestra muerte sea lo más placentero posible.

La conversación de los directores

Ingmar Bergman se encuentra con Luis Buñuel. Empiezan a departir entre lo divino y lo humano. En un momento el sueco le pregunta.

  • «En su opinión, Don Luis, ¿cuál es el mayor problema que afrontan los españoles en este mundo después de la guerra?»

Luis Buñuel, se para a pensar. Piensa en la guerra, el hambre, las enfermedades y responde con confianza.

  • «La envidia, mi buen amigo, la envidia ¿cuál es el peor pecado de los suecos?»

El director reflexiona.

  • «Como siempre tiene usted razón, Don Luis, la envidia.»
El agua y el tiempo acabarán con todo

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