Potosí: Cerro Rico

Turismo de la decadencia

Charleroi es una pequeña ciudad en Bélgica que fue víctima de la reconversión industrial. Las minas y la metalurgia perdieron importancia estratégica en Europa a medida que las materias primas llegaban de países en desarrollo a un precio mucho menor. Una ciudad industrial que en un tiempo pasado no muy lejano era símbolo de progreso ahora languidece a causa de la globalización y la falta de alternativas.

Una estampa típica de un mercado por la mañana sería: abuela, hijo y nieto. El abuelo trabajó en la mina. El hijo encadenó contratos temporales en una multinacional hasta que ésta se deslocalizó en la India, al mismo tiempo Charleroi era la deslocalización de Detroit. El nieto tiene 20 años y no trabajará nunca viviendo de las ayudas sociales. Tampoco acabó los estudios. La abuela tiene 55. Generaciones olvidadas en el centro de Europa.

Sácame una foto para el facebook

Mientras tanto se intenta promocionar el turismo. Ante la poca alternativa de oferta histórica y cultural se vende la decadencia. Tours fotográficos guiados a través de fábricas vacías, montañas de escoria procedente de las minas y antiguos almacenes ocupados por las alimañas. Paisajes apocalípticos muy apreciados por los amantes de las instantáneas.

Otros turistas visitan las antiguas minas reconvertidas en museos. Un viejo minero sordo de un oído y ciego del otro les cuenta las duras condiciones en las que trabajaron. Él es el único superviviente de toda la cuadrilla. Es de esperar, la mina lleva más de 40 años cerrada; lo que más impresiona son las cifras de muertos cuando las minas aún estaban abiertas. Miles al mes, sólo alguno en un día bueno que son los menos, cientos en un día malo como el accidente de Bois du Cazier sólo algún que otro punto verde que marca el 0 en el número de muertos que no de accidentes en la estadística..

A una turista italiana se le saltan las lágrimas. Su abuelo murió en las minas belgas tras ser “semi-deportado” por el estado democrático italiano de postguerra por ser del sur y sindicalista. Sus lágrimas se ven interrumpidas, unas adolescentes se ríen mientras se sacan selfies con el casco de minero para subir a Instagram.

Turismo responsable

Le comenté a un austríaco que Potosí es una ciudad triste. Mientras Sucre es una ciudad bulliciosa, limpia y hasta cierto punto cosmopolita, Potosí es lo contrario. Alcohólicos en las aceras, suciedad, miseria y edificios de adobe que en el pasado pertenecieron a una clase burguesa acomodada ahora languidecen víctimas del paso del tiempo. Parece que hay un toque de queda cuando se pone el sol. Las calles se vacían. Los restaurantes cierran pronto. No existen discotecas, lo poco que queda abierto son los bares de los sindicatos de mineros donde podremos degustar alcohol etílico.

Los tributos a los mineros se hacen en forma de alcohol, refrescos o dinamita

Unos turistas italianos se introducen en uno de estos garitos turbios. Inmediatamente todas las miradas se centran en ellos. Cuando un turista se sale del círculo de confort de las guías de viaje y de los circuitos establecidos puede ver una realidad distinta. Una realidad que su mundo occidental le tiene vetado, cierto es que existen sitios similares en todas las capitales europeas, pero nadie fuera del ambiente de hampones se atrevería a entrar. Introducirse en ambientes turbios cuando claramente no es el tuyo es peligroso. Sin embargo, los mineros los acogen con calidez, es bueno ver caras nuevas. Los italianos compran una botella de licor de más de 90 grados a un precio claramente ridículo. Hay un joven que parece que nunca ha bajado a la mina. Les ofrece cocaína por menos de lo que vale un chupito en su discoteca favorita de Milán. Cuando la prueban se dan cuenta que es buena. Les comenta que si les gusta les puede conseguir dos kilos. El italiano vivió para contármelo: “sin riesgo no hay gloria” – decía mientras se reía.

El austríaco me responde que eso es lo que quiere. Ver cómo es la Bolivia real lejos de los circuitos turísticos. Lo que quiere es ver la decadencia. Sólo el Cristo del Corcovado es más visitado que las favelas de Río, ha nacido un nuevo tipo de viajero.

Cerro Rico

Si Potosí existe en el imaginario colectivo y Cervantes popularizó la expresión: “Vale un Potosí” es por la existencia del Cerro Rico. La explotación de las minas no se inició con los conquistadores españoles. Los habitantes originarios de la región conocían la existencia de una montaña llena de plata. Cuando fueron sometidos por el Imperio Inca cerraron la mina, ellos daban un valor diferente al metal que el de los nuevos conquistadores. Los Incas requerirían un quinto de la producción como tributo registrado en sus “khipus”, única forma de escritura basada en nudos para asuntos de contabilidad. Los españoles reabrieron las minas, con un generoso uso del látigo, y transformaron los impuestos incas en el Quinto del Rey.

La ciudad de Potosí creció a las faldas del Cerro Rico

Poco a poco la población indígena fue sustituida por población africana con un físico más preparado para los difíciles trabajos de extracción y purificado del metal. Las nuevas técnicas de extracción y metalurgia traídas por el imperio convirtieron a Potosí en la capital industrial del mundo. En un punto de la historia esta ciudad era tres veces más grande que Londres y cinco veces más grande que París.

Los españoles modificaron y perfeccionaron las técnicas de extracción aprendidas durante la conquista de la Península Ibérica por el Imperio Romano. Los reos y disidentes morían en las minas de mercurio en España (Almadén) para que ese mercurio se utilizase para purificar plata por esclavos en Potosí.

Isabel de Castilla hizo a todos los “indios” súbditos de la Corona con incluso más derechos que los peninsulares con Las Leyes de Indias. Además, en Castilla el comercio de esclavos africanos estaba ciertamente limitado comparado con los imperios Portugués, Francés e Inglés. La configuración genética de las excolonias lo corrobora. Sin embargo, sobre el terreno la Corona estaba muy lejos y los abusos fueron constantes. Los caciques locales eran necesarios y pronto empezaron a formar parte de una burguesía acomodada que vivía con los estándares europeos, una minoría de funcionarios castellanos formaba la élite en la primera generación siendo transformada en mestiza o criolla con el paso de los años. Mientras tanto, el esclavo y el pueblo llano estaba alejado de todas las riquezas y el bienestar que emanaba del Cerro Rico en forma de plata.

Cuidado que vienen los conquistadores … canadienses

La mina tras siglos de explotación sigue estando operativa. El Gobierno neoliberal del Estado Plurinacional de Bolivia ofreció la explotación del Cerro a una compañía canadiense. La historia oficial dice que el pueblo se sublevó para que esa montaña con una icónica forma de cono siguiese en el “skyline” de la ciudad. Los mineros que trabajaron con los canadienses hacen correr el rumor que tras las catas la compañía decidió que la explotación del yacimiento no iba a ser rentable.

Minero trabajando

No obstante, el Gobierno continúa con la tradición del Quinto del Rey, pero adaptada al tercer milenio en forma de cánones e impuestos. Unas 200 explotaciones se mantienen activas, la mayoría de los mineros trabaja en cooperativas, pero explotando su propia concesión particular. Hay una empresa estatal que explota una veta especialmente rica. Los que trabajan para el estado tienen unas condiciones y derechos que han mejorado con los nuevos tiempos. Los autónomos no tienen prácticamente legislación y si la hubiera, no se iba a realizar ningún tipo de control. Por poner un ejemplo, en Perú se instauró una edad mínima para trabajar en las minas en Bolivia no. Como veis también hay clases entre los pobres.

Razones para visitar la mina

  • Si eres de estómago débil; no visites esta mina. Ver a un niño de la edad de tu sobrino de 6 años ayudando a transportar una vagoneta de cientos de kilos que podría matarle no es para todos los públicos.
  • Si tienes mal de altura; no visites esta mina. La cima del Cerro está a 4.800 msnm, casi como el Mont Blanc. En el interior de la mina el aire está más viciado y hay que sumar el polvo, ejercicio físico y espacios reducidos.
  • Si tienes claustrofobia; no visites esta mina. Si has visitado minas modernas creadas por ingenieros, con electricidad, maquinaria pesada y un plan contra accidentes te darás cuenta de que esto no tiene nada que ver. Afortunadamente la base rocosa hace que las galerías sean relativamente seguras y resistentes a los cientos de explosiones artesanales y sin supervisión que se realizan cada día. La naturaleza del mineral no acumula gases como el grisú por lo que se puede explotar sin tener medidas extra, como un canario. Por lo demás es encomendarse a dios y al Tío.
  • Eres un turista responsable; no visites esta mina. Básicamente es un zoo humano dónde el atractivo es la miseria y las condiciones de trabajo. No es como visitar las minas de sal de Polonia o las minas de Wanda.

Si a pesar de estas razones decides visitarla, te felicito, gran elección. No prometo que te vaya a gustar, no todas las experiencias tienen que ser agradables para ser provechosas.

Visita

Hay múltiples tours con diferentes precios. Todos te dirán que son mineros auténticos y que los demás no. De esta primera elección dependerá gran parte de la experiencia. Calculad entre 65 y 100 bolivianos.

Entre perros y mineros también hay clases (4800 msnm)

Otra pista es realizar el tour en inglés o en español. Normalmente estarás limitado a tus capacidades lingüísticas. Si esto no es un problema, elegir el grupo con menos gente será una buena opción, aunque si eres capaz de calar a tus compañeros piensa que te vas a subir a una montaña con una altura considerable para después encerrarte a cientos de metros bajo tierra. Elige al que menos pinta tenga de llorar a la primera. Si quieres que sea un verdadero minero el que haga el tour lo más fácil es pagar directamente a uno; no está permitido y puede ser muy peligroso, allá tú. Sino el tour en español tendrá más posibilidades de ser auténtico. No hay muchos cursos de Business English en el fondo de estos pozos mineros.

Esta experiencia es muy grande. Ciertamente hay miseria, ves trabajo infantil, dureza, insalubridad, peligrosidad, … No nos podemos olvidar que todos los trabajadores de la mina son libres de hacerlo. Generalmente tienen otras expectativas laborales, pero mucho peor remuneradas. Casi todos los jóvenes combinan el trabajo de la mina con estudios superiores para obtener una salida que sus padres no obtuvieron. Eso sí, los trabajos se encontrarán fuera de Potosí, obligándoles a emigrar para buscar un futuro mejor, siguiendo el camino inverso que durante siglos otros trabajadores hicieron para llegar a Potosí atraídos por su riqueza como moscas a la miel.

A diferencia de las minas de Charleroi aquí trabajan sólo bolivianos. La única razón es porque durante mucho tiempo los bolivianos eran los más pobres de entre los pobres de América Latina.

Salir de la mina y volver a ver el sol es de las sensaciones más liberadoras que tendrás en tu vida. Saber lo afortunado que eres al poder elegir, de lo afortunado que eres sabiendo que estás fuera y vivo mientras que para muchos otros la mina fue su tumba, lo afortunado que eres por vivir dónde vives y cómo vives. Creo que esa es la mayor razón que puedo daros para recomendar hacer esta visita.

3 comentarios sobre “Potosí: Cerro Rico

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