La gente de Iván: una tarde junto al fuego

Oyes historias de viajes, todas tan fantásticas, con lugares tan hermosos y fiestas tan divertidas. Eso es así, es una verdad como un templo, puedes cerrar el bar del pueblo todos los sábados del año y justo ese día que te quedas en casa sucede lo improbable y es el día más divertido del año, qué digo del año, del siglo. Se comentará en la bodega durante las siguientes generaciones. Es difícil luchar contra el destino y como dijo Felipe II: «No envié a mis barcos a luchar contra los elementos.» En realidad, creo que poner un barco en el mar ya es luchar contra los elementos, pero tampoco es que tenga más importancia ya que, Felipe II nunca dijo esa frase.

América me había vencido, ese continente inmenso lleno de maravillas naturales y una historia y cultura tan diferentes había acabado conmigo. En aquella época del viaje ya tenía muy claro que allí no encontraría las respuestas que buscaba y estaba planeando mi salida. No obstante, no quería dejar el subcontinente americano sin visitar Colombia. Otros viajeros me habían advertido que no me podía ir sin ver su país favorito en el continente. Así que en Ecuador estaba como en una carrera por verlo todo rápidamente y llegar a Colombia con vistas de continuar la vuelta al mundo previo paso por el sudeste asiático.

Y tú ¿A qué llamas hogar?

Ecuador había sido un soplo de aire fresco. Esa dolarización, autopistas, transporte público… parecía un lugar mucho mejor que Perú desde el punto de vista humano. No me importaba pagar ese suplemento de precio para casi todo que es la diferencia entre Perú y su vecino del norte.

Sin embargo, el viajero desarrolla ese sexto sentido. Algunos lo llamarán experiencia de haber sido timado tantas veces y tener grabado a fuego en la conciencia ese sentimiento de angustia e indefensión cuando, estando tan lejos de casa, sufres lo que algunos llaman pillería, otra estafa, otros mala fe y tendría multitud de nombres, casi tantos como los medios por los que uno puede sentirse estafado. Esta sensación de indefensión es más un sentimiento que una realidad. Pagar más por un servicio que un local puede ser considerado un timo, no obstante, pensad por un momento que vuestro servicio es diferente y en vez de ser víctimas de un fraude estáis obteniendo un servicio VIP. Si pagas el doble por viajar en primera clase en un avión, pagar por tu maleta en un taxi debería ser lo mismo ¿no?, aunque la coya haya llenado el 4×4 de mercancía para vender en el mercado y tú vayas sepultado bajo sacos de quinoa y te hayan obligado a pagar y a dejar tu mochila de Decathlon de menos de diez kilos en la baca del vehículo con una más que precaria sujeción.

Esa era mi situación, tras madrugar más de lo previsto me llevó casi seis horas conseguir llegar a la entrada del parque del Cotopaxi, y cómo no, era demasiado tarde para entrar, pero estaba en mitad de la nada a las dos de la tarde. Los tiempos y horarios son relativos y de normal los problemas de dinero no son problemas si tienes y no te importa gastar ese dinero. Con los problemas de tiempo es más difícil lidiar.

El muy recomendable Cuscungo Cotopaxi

Así que si un taxista que está esperando en mitad de la nada, no te lleva al parque, pero te ofrece un alojamiento desde dónde podrás hacer la excursión al día siguiente permitidme que mi sexto sentido de viajero me haga desconfiar. Como no podría ser de otra manera, le pido precios a lo que me responde con evasivas, comparo por internet y evalúo mis posibilidades. No son muchas y tampoco parecen mucho mejores, tiene pinta de uno de esos días, que parecen tan improductivos, dónde básicamente el tiempo se pasa en transporte público, buscando alojamiento y buscando algo que llevarse a la boca. Un día de supervivencia del que poco podría sacar en claro y mucho menos aprender. Un día más es en realidad un día menos porque nacemos con los días contados y pasar un día es en realidad restar un día de lo que nos queda por vivir. Uno, sino el principal, de los motivos del viaje es dar valor a esos días que me quedan por vivir para que el día que se me acaben eche la vista atrás y me vaya en paz conmigo mismo, ya que, desde el fondo de mi alma sepa que viví con alegría y los aproveché.

Como veis el estado de ánimo no era el óptimo con esa dejadez que arrastras que te hace regatear hasta los céntimos y que no saques la cartera sin estar seguro de que podrás volver a guardarla.

El taxi me dejó en el hostal que me recomendaba, diría que no es casualidad que me recomiende uno al que no se puede llegar andando mientras que hay otros más cercanos a los que sí se puede llegar. Los precios son mucho más elevados que en Quilotoa, por el precio de una habitación individual con baño y desayuno allí aquí obtenía una litera compartida en un sitio que parecía que iba a ser MUY frío. Al menos incluía la cena.

El hostal era tan remoto que sólo había otros dos huéspedes, qué casualidad, habían llegado de una manera muy similar. Quiero visitar el Cotopaxi, hoy no se puede, te llevo a un sitio que organiza tours y además te puedes quedar a dormir hasta que haya gente suficiente para salir a la excursión.

Así que me encontré a dos chicas con pintas de aburridas a las que les hacía un favor ya que podíamos contratar a un guía entre los tres bajando ya su precio. Ellas llevaban dos días esperando, yo no lo iba a hacer. Si no salía al día siguiente cogería un bus a Quito y lo contrataría desde allí. A la manera del turista, a la manera fácil, quién sabe si es que esa era mi manera.

Con toda la tarde por delante me decidí a escribir en el blog, a dar un paseo y hasta a acercarme a la carretera principal a visitar alguno de los restaurantes recomendados. Poco más que hacer que volver al hostal y pasar el tiempo mirando el fuego y reflexionar sobre el tempus fugit viendo como la llama consume lo que en algún momento tuvo vida.

La belleza esquiva del Cotopaxi – Ecuador

Así pasó el tiempo hasta la hora de la cena, que en esta especie de refugios de medio montaña no sería más allá de las seis de la tarde. Mi sorpresa llegó cuando la cocinera, que podría ser mi abuela, pero, sin embargo, sería la abuela de otros. Me preguntó que qué y cuando quería cenar. Ya ves, como si mi abuela me lo hubiera preguntado alguna vez. Ese día, por primera vez en mucho tiempo, probé por primera vez comida hecha con cariño, no es que no hubiese comido mal o no hubiera estado en restaurantes con comida excelente, simplemente es diferente.

Esos recuerdos de la infancia, ese añorar un hogar, esa morriña me hizo sentir melancólico, a mí y a las otras dos chicas. Eso nos puso en el humor ideal para ver una película en la pequeña tele que había encima de la chimenea. Difícil elegir entre desconocidos, fue sorprendente que alabasen mi elección «Una cuestión de tiempo» o «About time» en su nombre en inglés.

La película ideal para un día que parecía perdido, pero que resultó ser de lo más enriquecedor. Ese sentimiento de familia, esa sensación de estar en casa, el calor del fuego y una película que habla de lo efímero del tiempo, de lo extraño de la felicidad y que sin saberlo había sido ella la que nos había elegido y no nosotros a ella porque ese día tocaba aprender algo. No siempre se trata de llegar más alto o más lejos, la mayor parte del tiempo se trata de apreciar lo que ya tienes. De entender el carpe diem simplemente como saber apreciar lo que se tiene y no en buscar nuevas sensaciones porque llega un momento, que ya no será posible encontrar nada nuevo y si ese es nuestro único objetivo echaremos la vista atrás, una vez conseguidas todas las metas y nos daremos cuenta de que nos las disfrutamos como se merecían ya que siempre pensábamos en la siguiente.

Las respuestas llegan en los sitios más inesperados, eso nos podría hacer pensar que es inútil buscarlas, un ingeniero como yo no puede aceptar eso. El movimiento es la clave del cambio y el cambio sólo es bueno si tiene un propósito. La casualidad llega y la suerte no se puede buscar simplemente la fortuna sonríe a los valientes, a los que están mejor preparados y a los que a diferencia de mí fueron tocados con una varita mágica de suerte al nacer. Si no la tienes te tocará buscar, te tocará luchar y te tocará saborear el esfuerzo y mirarás a aquellos que lo han tenido siempre tan fácil porque aun teniéndolo todo, serán incapaces de apreciar lo que tiene como se merece.

Os dejo algunas frases de la película que no tienen mucho sentido sin destripar el argumento, así que os invito a ver esta película con una mente abierta.

No conozco un rico realmente feliz.

─ Sería lindo no tener que trabajar.
─ No. Eso sería un desastre. Mira a tu tío Fred.
─¿Qué le pasó?
─ Absolutamente nada. Desperdició su vida. Debes usarlo para que tu vida sea como quieres que sea.

Hay días que uno solo quiere vivir una vez.

La verdad es que ya no viajo, ni siquiera para revivir un día. Trato de vivir cada día como si hubiera decidido volver a ese día, de disfrutarlo como si fuera el último día entero de mi extraordinaria vida ordinaria.

Citas de Una cuestión de tiempo

Si os preguntáis porque en una entrada de «La gente de Iván» parece que no se hable de nadie más os podéis preguntar también si en las otras entradas se hablaba de gente o directamente se hablaba de Iván.

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