Una serie de catastróficas desdichas V: el desorbitado precio de ser consecuente

Las guías de viaje están llenas de experiencias inolvidables que invitan a viajar. Pero ¿es siempre la vida de color de rosa? Como es más fácil sacar conclusiones y aprender de las malas experiencias se crea esta sección porque los planes no siempre salen bien. Hay un mundo ahí fuera dispuesto a acabar con tus sueños e ilusiones y es mejor estar informado.

Una serie de catastróficas desdichas

Esas conversaciones de «drogolegas y gin-tonic» donde salvas el mundo sin levantar el codo de la barra

No sé si alguna vez os ha pasado. Os juntáis con alguien, conocido, amigo o desconocido, eso no es importante, generalmente suele ser al calor de una barra de bar, pero podría ser en unas escaleras, en un parque o incluso en el salón de tu casa. Alguien lanza un tema: un problema una crisis existencial, la editorial del Financial Times del otro día o incluso un programa de algún youtuber de tintes mesiánicos. La conversación fluye y, a diferencia del congreso de los diputados, todos aportan soluciones y propuestas que de llevarse a cabo harían del nuestro un mundo feliz. ¡Qué fácil es llegar a la utopía! Estamos sólo a un par de pasos. Mucho más fácil, claro está, si te has metido un par de copas entre pecho y espalda.

Las tortugas se aproximan a los barcos de turistas porque les dan lechuga
Las tortugas se aproximan a los barcos de turistas porque les dan lechuga

Es agradable conocer a gente comprometida que, aunque no salve el mundo, al menos tenga intención de hacerlo. Las complicaciones técnicas no tienen cabida en las conversaciones de cuñados de barra de bar así que: «los políticos tienen que ponerse de acuerdo», «el consumidor debe dejar de comprar productos fabricados por mano de obra esclava», «hay que dejar de consumir carne» y otras muchas soluciones estándar parecen fácilmente aplicables mientras dices: «Hermenegildo, otra ronda».

El drama de ser consecuente

El scout es responsable con lo que se compromete y consecuente con lo que piensa.

Segunda ley Scout

Ser consecuente es casi peor que ser honrado. Dicen que «un gitano no quiere un hijo honrado», mi madre lo cambia por «un gitano no quiere un hijo con buenos principios». Esto no va de gitanos, lo que quiere decir, en definitiva, es que en el mundo moderno ser buena persona es una desventaja adaptativa. Yo desconfío de aquellos que dicen «yo quiero educar a mi hijo a que sea una buena persona». Cuando oigo eso de un hijo de puta declarado lo que pienso es que, en realidad, lo que quiere es que tu hijo sea buena persona para que su hijo se pueda aprovecharse de él como él se está aprovechando de ti. Son las bases del capitalismo y del neoliberalismo, pero en un libro de economía suena mejor usar términos cómo «libre mercado» o «asociaciones libres entre individuos». Os imagináis a Adam Smith escribiendo en La riqueza de las Naciones: «tenemos que convencer a un suficiente número de individuos de que está bien trabajar como esclavos para una élite, todo ello sin la necesidad de usar látigos».

El rally Dakar pasó por encima de las líneas de Nazca
El rally Dakar pasó por encima de las líneas de Nazca

Consecuente: Dicho de una persona: Que obra de acuerdo con sus principios.

https://dle.rae.es/consecuente

Al igual que desconfío de aquellos que se consideran a sí mismos honrados y no te lo demuestran, también lo hago de aquellos que promulgan buenos principios y se consideran consecuentes, pero no promulgan con el ejemplo. Si tu aura de gurú no te precede y me lo tienes que explicar, muy seguramente es que no seas.

No hagas ni lo que dice el cura ni lo que hace el fraile.

Proverbio Popular

Aquella conversación en un hostal boliviano dónde conseguí que todos desearan estar muertos

Todo esto es simplemente el preámbulo para explicar una conversación que mantuve en un hostal de Sucre. Las casualidades de la vida hicieron que compartiese habitación con una pareja de ingleses que llevaba dos años viajando, un enfermero suizo que estaba de año sabático y un sueco que prácticamente no vi vestido, ya que se pasó todo el tiempo cepillándose a una francesa que había conocido allí, y que como no participó en la conversación, no lo volveré a mencionar.

El Salar de Uyuni no es una zona protegida y su litio es estratégico para los coches eléctricos
El Salar de Uyuni no es una zona protegida y su litio es estratégico para los coches eléctricos

La conversación empezó sobre nuestros viajes, las motivaciones, qué esperábamos de ellos y otra serie de parafernalia filosófica en la que se apoya el «verdadero viajero», para crear una sensación de superioridad moral sobre aquellos que despectivamente llama «turistas».

Una de las principales razones por la que los extranjeros eligen Sudamérica suele ser: «quiero aprender español». Algo muy noble y con aplicaciones prácticas en la vida real. Sin embargo, el objetivo se puede considerar como un fracaso si después de dos años sigues dirigiéndote al personal del hostal en inglés y tu vocabulario se reduce a: «Doz zerbesas, grazie».

Si nos movemos a motivaciones más filosóficas en las conversaciones siempre aparece la cultura, los pueblos indígenas, el cambio climático o la globalización. Aquí algunos ejemplos:

  • El auténtico «viajero» suele estar en contra de los sitios masificados, que se puede traducir a: «yo quiero poder disfrutar de las maravillas de la naturaleza sin que tú me molestes y sin ni siquiera tener que pensar que yo puedo molestarte a ti».
  • El «verdadero viajero» detesta la homogenización que está sufriendo el mundo. Los centros de las grandes ciudades cada vez parezcan más parques temáticos de franquicias: tiendas de Zara, Adidas, Mc Donald, … Sin embargo, muchos de estos «viajeros» acuden a hostales para guiris porque les dan confianza y se van a encontrar gente afín. Muchas veces hasta piden Heineken. Los mejores recuerdos de tu viaje a Ciudad del Cabo es que te encontraste a un «viajero» que conociste en un hostal de Tailandia.
  • Por supuesto los «viajeros» se empapan de la cultura local. Es difícil sin hablar español y mucho menos quechua, pero un guía les explicó en Machu Picchu que los españoles destrozaban cada casa en busca de oro entre las paredes. Es harto improbable que una banda de desarrapados que cruzó el océano y la selva y milagrosamente sobrevivió, pasase gran parte de su conquista desmantelando una por una las casas, sabiendo que si en la primera no había oro, en la segunda no había oro, en la tercera no había oro … puede que poner oro entre las piedras de una casa no tuviese sentido y que fuese la gravedad y la falta de mantenimiento quien se llevase esas casas por delante. De todos modos, ¿quién es el «viajero» para cuestionar la cultura local?
  • El llamado «primer mundo» esclaviza al resto. Si yo trabajo un par de años y viajo por el mundo es porque multitud de personas en el mundo trabajan de manera precaria/esclava. Si mi móvil valorado en dólares es el equivalente al salario anual de una persona en un país pobre, debo pasar a hacer la valoración en las horas de trabajo que cuesta que yo tenga ese móvil. Cualquier bien que obtengamos en el que la relación de coste/precio/valor no sea de una hora de mi tiempo igual a una hora del tuyo nos encontramos ante una relación de poder de las que repudiaba Adam Smith.
  • La vida es tiempo, es finita. Cómo usamos ese tiempo determinará nuestros objetivos, si trabajamos para vivir o vivimos para trabajar. Yo no necesito cosas y por eso no trabajo. Yo necesito trabajar mucho menos ya que hay un montón de mano de obra esclava que lo hace por mí.
  • Podría dar muchos más ejemplos, pero de lo que os venía a hablar es del ecologismo y ser consecuente. Apagar las luces, reducir el consumo, cerrar el grifo del agua, … son todas acciones loables, sin embargo, a nivel global, dejar abiertos todos los grifos de agua de tu casa durante todo el año consume menos que una fábrica metalúrgica en un solo día y ni hablar de la energía. Las medidas que nosotros tomamos y como afectan al mundo en general son limitadas. Podemos hacer cosas, muchas de ellas no pasarán del nivel simbólico y las consecuencias se pueden resumir en «yo me siento mejor haciendo las cosas bien».

Y llegó el silencio

Es muy difícil de justificar cómo podemos mejorar el mundo viajando, visitando glaciares que están a punto de desaparecer, contribuyendo a que culturas que antes estaban aisladas ahora vendan su intimidad al turista y consuman su tiempo embriagados en whisky barato, transformando las economías locales de supervivencia en sector servicios orientado al turismo, tomando vuelos internacionales que expulsan más CO2 del que gastaremos respirando en toda la vida o haciendo que todo el mundo necesite hablar inglés. Es difícil de justificar, sinceramente muy difícil, como el hecho de que yo me mueva en bicicleta por la ciudad y que no tenga coche, pero luego vaya a visitar a mi familia en avión para un fin de semana.

Él antes era minero, ahora es guía
Él antes era minero, ahora es guía

Ese es el drama de ser coherente y consecuente. Aquel día, de manera franca y sincera les dije que la mejor manera, la más efectiva la más seria, segura y práctica para luchar contra la globalización, para reducir el consumo de alimentos, el consumo de energía y de recursos, si no queríamos seguir contribuyendo a la decadencia del planeta Tierra es, dicha en una frase lapidaria:

Para no seguir contribuyendo a llegar al punto de no retorno del planeta Tierra, lo mejor es que nos muramos todos ahora aquí mismo─ esa sentencia les dejó mudos por unos instantes y demostró el alto precio de ser consecuente.

─Es cierto─ reconocieron todos tras un silencio perturbador.

Lecciones aprendidas

  • Ser buena persona es una desventaja en el mundo actual
  • El precio de ser coherente y consecuente es muy alto
  • Debemos vivir con nuestras propias contradicciones
  • La superioridad moral muchas veces es irreal

Herramientas prácticas

2 comentarios sobre “Una serie de catastróficas desdichas V: el desorbitado precio de ser consecuente

  1. Haciendo turismo por Camboya nos encontramos con un viajero que nos dijo que si gastábamos más de 5$ al día no éramos viajeros, éramos turistas. Nosotros gastamos unos 30$ al día de media en todo el viaje, definitivamente turistas. Sin embargo en Camboya con 5$/día posiblemente vive una familia entera. Los viajeros suelen definir al turista como “todos los demás que no son yo” pero viajar por placer es hacer turismo, también cuando recorres Camboya en moto con un presupuesto muy bajo y has elegido ese país porque con tu nivel económico puedes viajar más por menos. Es otro de los lujos que solo unos pocos en el mundo podemos permitirnos (desde luego no la mayoría de Camboyanos) y nos puede aportar experiencias maravillosas que nos hagan mejores personas. Pero creer que por eso estamos haciendo mejor el mundo es un poco pretencioso. En lo de morir todos, coincido según me pille el día. Pero yo, que creo que no estamos aquí para nada en especial, pues imagino que como mínimo será para vivir. Al fin y al cabo, si destruimos nuestro ecosistema, la tierra seguirá girando alegremente y dejaremos espacio para otras especies nuevas. Y dicho esto, me muero de pena cuando veo un oso polar a la deriva por el ártico.

    Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s