La gente de Iván: Sandra Picón

¡Que no pare la fiesta!

Como esto no tiene que ser un blog de viajes al uso y la gente ya estaba cansada vamos a hacer otra entrada metiéndonos en la bata de Sandra Picón, una de las enfermeras que nos trató en el hospital de Buenaventura. Espero que las imprecisiones de las historias de otros no quiten credibilidad a esta página personal, que ha intentado ser lo más fiel a la realidad en todas las entradas [o no].

La Historia (novelada)

Capítulo I: El orfanato

Hola, me presento. Mi nombre es Sandra. Dicen que no tengo padres, eso es mentira, todo el mundo tiene padres, lo que pasa que los míos no podían mantenerme y me dejaron al cuidado de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús.

«Hermanas»

Las monjas cuidaban muy bien de mí y era el ojito derecho de una de ellas. Tanto me quería que un buen día se transformó de mi madre-tutora en hermana. Este hecho, que podría parecer insólito o incluso milagroso, sin embargo, como la mayoría de las cosas inexplicables de esta vida, pierden toda la magia cuando las entiendes.

Si es cierto que los caminos del Señor son inescrutables, también es cierto que es más fácil encontrar la costa si hay un faro. La explicación está más cerca de la burda, lenta y torpe burocracia colombiana que de un acto divino. La madre de Sor Angustias (nombre ficticio) ,vino a visitarla y se quedó prendada de esa dulce niña negra que estaba al cuidado de su hija, es decir yo misma. La devoción y vocación de aquella familia misericordiosa y pura de corazón me llevó a España, a un pequeño pueblo de Andalucía en los años 70. Los trámites en aquella época se podían agilizar mediante los contactos y el dinero adecuados, así que pasé a formar parte de una familia española como hija adoptiva.

Capítulo II: una infancia en la España rural

Mi infancia, dentro de una familia acomodada, me dio una serie de oportunidades de las que no podría disfrutar en Colombia. España estaba aún muy lejos de otros países europeos en aquel entonces, y mucho más Andalucía esa rural de señoritos y peones. Sin embargo, mi familia de acogida me garantizó unos estudios y una infancia digna.

A los 21 años ya tenía mi título en enfermería, pero había algo que me faltaba. La sangre me reclamaba y yo acudí a esa llamada. Volví a Colombia y desde entonces trabajo en el hospital y vivo en el Valle del Cauca donde están mis raíces.

Capítulo III: amarás a Dios sobre todas las cosas

Las urgencias de un hospital como el de Buenaventura no son fáciles,. Cuchilladas y heridos de bala conviven con los pacientes de enfermedades tropicales que han sido erradicadas en otras partes del mundo, como la leishmaniasis, sin embargo, ese día era especial.

No es raro ver a gente deambular, pero esa mañana había algo diferente, no es normal ver a un blanco extranjero tirado en uno de los pasillos. La organización y la información es precaria. Nada que ver con las series americanas como Urgencias o Anatomía de Grey.

Caleb y su padre en el hospital

Tras hacer un par de preguntas descubrí que una barca costanera había naufragado no lejos de Ladrilleros, nada fuera de lo habitual en aguas tan peligrosas. Poco después nos enteramos de que el extranjero era un español que había salvado la vida a un bebé. Los pasajeros iban llegando en ambulancia desde el puerto y veíamos cuadros bastante severos. Hipotermia, cortes, habían pasado 10 horas a la deriva en una fuerte tormenta. Es raro, la base de la Armada no está lejos de allí, pero nadie los socorrió hasta el amanecer.

─Gracias a Dios, usted y ese niño están bien─ le comento.

─Señora, puede que a ese niño le haya metido su dios en el agua, pero debe tener muy claro que fui yo el que lo sacó.

─Es muy feo eso que dice, en esta vida hay que creer en Dios, si usted sacó al niño es porque Dios lo puso ahí para ese propósito.

Capítulo IV: amarás al prójimo como a ti mismo

Como persona piadosa que soy, ofrecí a los dos españoles que se quedaran con las Compañía, las monjas cuidarían de ellos. Seguro que la orden aceptaba a estos pobres náufragos ya que son españoles, sin embargo, ellos rechazaron mi ofrecimiento.

No obstante, llamé a mi niño para que los acompañase. Buenaventura es un lugar peligroso si no lo conoces así que los conduje a un restaurante para reponer fuerzas y después junto a la vicecónsul nos dirigimos a la policía, la fiscalía, los guardacostas yExtranjería para poner las respectivas denuncias.

Nada quitaría el susto a estos dos españoles, pero al menos tienen que saber que en este país también hay buena gente.

Epílogo

Sandra Picón, fue una de las enfermeras que nos atendió en el Hospital Luis Ablanque de la Plata. El trato fue todo lo bueno que se puede dispensar con los medios que tienen. Además, he de agradecer que no nos lo cobraron. Fuimos facturados como si nos atendiesen los servicios sociales.

En general, en el viaje no acabé muy contento con el trato que recibí de los locales, pero es justo destacar a aquellos que me ofrecieron su apoyo y canlidez humana. Después del naufragio Sandra y su hijo Andrés, que más que un niño era un Miura de 1.90m y cien kilos, que podría emular al Shaquille O’Neal de los Lakers, nos buscaron alojamiento y nos ayudaron en todo lo posible para poder recuperar lo poco que nos quedaba y continuar con nuestro camino.

2 comentarios sobre “La gente de Iván: Sandra Picón

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s