La historia de Caleb(II)

Un rescate accidentado

Las primeras luces del alba nos devolvieron las fuerzas. Desde antes del amanecer ya intuimos formas de barcos que salían a pescar, era cuestión de tiempo que alguno de ellos nos localizara. Sin embargo, pasaba el tiempo y nuestros gritos de socorro no llegaban a buen puerto. Uno tras otro los barcos se alejaban de nuestro alcance. Ahí tomé la determinación que no había tenido durante la noche, luchar contra la corriente para acercarnos a algún lado. Era el síntoma de que la esperanza se había perdió. Caleb no había muerto ahogado, pero era muy probable que muriese de hipotermia. No fue una buena idea, la escasa flotabilidad de la balsa improvisada desapareció. Esperar un improbable rescate era la única opción eso, o la muerte horrible que nos había deparado el destino, pero eso ya no estaba en nuestras manos.

La madre de Caleb al ser rescatada

Más de una hora después del alba unas barcas militares aparecieron en el horizonte. Puede que sea la única vez en mi vida que me alegre ver una fuerza de asalto. Se pusieron en fila para hacer batidas. Lo habíamos conseguido, era cuestión de tiempo. Nos iban a rescatar.

El cine de Hollywood ha hecho mucho mal. Piensas que los héroes saben lo que hacen, que son profesionales, que Brad Pitt se lanzará al agua y te sacará de allí. La vida real no es así, los militares suelen ser jóvenes imberbes mal pagados y acostumbrados a hacer trabajos que nadie quiere hacer. Su formación es mínima y actuar en situaciones de máximo peligro y estrés sin formación es peligroso. La primera barca casi nos arrolla y si no hubiese sido por la intervención de una segunda lancha que les avisó de nuestra presencia, esta historia sería muy diferente y mucho más triste.

El oleaje generado nos volvió a sacudir. Habíamos llegado muy lejos como para dejarnos llevar tan cerca de la orilla. Uno de los militares nos lanzó un salvavidas. Yo le grité ─ «llevo toda la noche flotando, ¿para qué cojones quiero un salvavidas?» ─ no me daba cuenta, pero mi estado era de completa euforia. Me estaba dejando llevar, me creía todopoderoso después de haber conseguido que Caleb siguiese con vida a esa hora.

Eso sólo fue el inicio de los problemas, el equipo de rescate no tenía ni plan ni equipamiento, eso sí, no se habían olvidado de portar sus armas automáticas con ellos. Iban a continuar la búsqueda de otros supervivientes cuando me planté.

─Ese niño ha sobrevivido toda la noche y necesita ir a un hospital, si no le llevan ahora mismo a un hospital y muere, le juro por todos sus muertos que le mataré yo mismo con mis propias manos.

Algunos creeréis que eso es valentía, no lo es, es soberbia, es estupidez. A día de hoy, aún no he tenido la oportunidad de dar las gracias personalmente a aquellos que me sacaron de ese trance. Esa sensación de impunidad evitó que les agradeciese a mis salvadores como es debido que nos sacaran de allí. Aprovecho estas líneas para darles un saludo y mandarles mi más sincero agradecimiento. Cierto es, que mi discurso funcionó. El militar dudó y tras consultar con sus superiores nos dieron un pase VIP directos al hospital.

Caleb y su padre en el hospital

Ahí me derrumbé. La niña acogió en su pecho a Caleb dándole el calor que necesitaba. Yo sólo lloraba, lo que no había llorado durante la noche. Lo que no sé si volveré a llorar. Intentarlo no era suficiente y fuimos más allá de todas las posibilidades, sólo aquel se ha enfrentado a la muerte sabe si la puede vencer, no sé si eso volverá a suceder. Las victorias improbables suceden una sola vez en la vida. Yo gasté una vida de gato, sin embargo, Caleb gastó más de mil y vivirá para convertirse en astronauta.

Camino al hospital

Al llegar al puerto nos recibió alguien muy importante, o al menos lo parecía con su uniforme impecable. Yo seguía insistiendo en que Caleb tenía que llegar a un hospital lo antes posible. Él me felicitó por «haber salvado la vida a un bebé» sin saber que fue en realidad Caleb quien nos sacó a todos de allí con sus ganas de vivir. Una vez que lo montaron en la ambulancia mis piernas flaquearon y me senté. Quería esperar para saber si Aiert y los demás seguían con vida. No obstante, ese Teniente Coronel me obligó a evacuarme con los demás. En aquel momento pensé que se estaba preocupando por mi salud. El tiempo me demostró que lo que no querían era a nadie de tez blanca en los medios. Los medios se esforzaron en tomar fotos y videos en los que sólo salgan negros, racismo del día a día porque «Black Lives Matters», desde luego, pero unas vidas siempre importan más que otras y si yo en Europa soy tratado como moreno en el Valle del Cauca soy un gringo blanco que puede causar muchos problemas y mala publicidad a las autoridades.

El reencuentro

En el hospital trataron a Caleb como se merecía. Se recuperó de su hipotermia y le hicieron un lavado de estómago. Gracias a Sandra Picón tuve la oportunidad de visitarlo una última vez. De ahí vienen las fotos, algunos dicen que la imagen del niño mirándome es muy poderosa. Yo, no obstante, creo que aún me guarda rencor por todas las veces que le golpeé intentando salvarle la vida, porque, aunque algunos piensen que soy un héroe no soy más que una buena persona que sufrió de un incidente infortunado y, como a los militares, nadie me preparó para ello.

PD. Caleb ha tenido que ir a tratamiento para superar su nuevo pánico al agua.

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