Nos sobran los motivos

El viaje se acabó hace más de un año y el blog languidece mientras mi tiempo y mis ganas se debaten entre la idoneidad o no de escribir un libro para poder maximizar la experiencia. Sin embargo, a riesgo de que mis lectores dejen de serlo sigo sacando entradas con mayor o menor éxito.

Antes de finalizar con las entradas de las lecciones aprendidas hablaremos de motivación. Siendo un motivo la causa o razón que nos mueve para realizar algo, de esta definición se deduce que los motivos son algo muy importante para la gente que hace cosas (como los catalanes).

«Me gustan los catalanes porque hacen cosas» Mariano Rajoy Brey

Dentro de la labor divulgativa, pero lejos de querer convertirnos en aprendiz de Iluminado, pasaremos a explicar mediante ejemplos fácilmente comprensibles la necesidad de elegir los motivos de manera correcta ya que, en determinadas ocasiones de nuestra vida que no siempre, las motivaciones y el proceso son más importantes que el resultado.

Ejemplo 1: como sólo un padre quiere a un hijo

Un hijo recibe su regalo deseado por su cumpleaños. Este hecho, a priori bueno, podría ser reinterpretado para nuestro caso de estudio.

Jimmy Jazz recibe un Renault 5 Copa Turbo por su cumpleaños. Es lo que más ha querido en los 18 años de su corta y poca productiva existencia en el planeta Tierra. Su padre nunca le ha dado nada, poco cariño y mucho menos educación. Sin embargo, tras el divorcio compite con la nueva pareja de la madre de Jimmy a ver quién es el que más y mejor colma los deseos de la maleducada criatura.

El resultado, a priori justo, de regalar a alguien su deseo más preciado el día de su cumpleaños, no está justificado con el hecho de que el padre hipotecó la casa familiar, con letras que no pudo pagar, para regalar un coche marronero al malo de Jimmy con el que fardó dos semanas en el barrio, antes de reventarse en un accidente de coche sin haber quitado aún la L. No lloréis, Jimmy lleva 25 años muerto.

¿Fue este el coche de Jimmy?

Sin embargo, con los motivos correctos podríamos haber llegado a un mejor resultado. Si el padre de Jimmy se hubiera dado cuenta de lo importante que es la paternidad en el desarrollo y la felicidad humana, en vez de competir con el padrastro hubiese intentado invertir tiempo de calidad con su hijo basándose en experiencias y no en objetos materiales. Considerando el motivo la demostración del amor paternal, el regalo ideal hubiese sido algo más sencillo como un fin de semana en la naturaleza para estrechar los lazos padre e hijo.

Hoy en día esto es una hipótesis. Jimmy murió, la madre fue desahuciada y el padre de Jimmy sigue pensando que el Copa Turbo es un gran coche.

Ejemplo 2: el trabajo ideal

En las generaciones X, Y y Z o incluso en los baby boomers basan su felicidad en el ascenso social y el reconocimiento fundado sobre todo en la capacidad económica. Esto hace que gran parte de la población considere su trabajo ideal aquel que le proporciona mayores beneficios económicos.

Si tus decisiones vitales te conducen a encontrar la titulación más susceptible de obtener ese puesto idealizado, tus contactos son de la escuela de negocios para conseguir el porfolio ideal y otra serie de acciones dignas de un psicópata pueden disimular el hecho de que, una vez alcanzado ese objetivo no encuentres la felicidad o incluso peor, que el hecho de estar en una continua búsqueda de un trabajo mejor remunerado te prevenga de permanecer en puestos para los que estás mejor formado y capacitado y que te harían más feliz.

Es importante encontrar las motivaciones adecuadas

En este ejemplo podemos acotar como objetivo la búsqueda del trabajo ideal con los motivos equivocados, ganar dinero. Si estimamos que el motivo correcto de trabajar y de encontrar el trabajo ideal es la búsqueda de un complemento dentro de una vida feliz, el propósito se complica. Seamos sinceros ¿quién es feliz trabajando? Este es un ejemplo de mierda para que los coach te digan que si no eres feliz es porque no te has esforzado en encontrar un trabajo que se adapte a ti cuando ese trabajo consistiría en que te toque el Euromillones una vez al mes. Así que no dudéis en pedir un aumento de sueldo, el dinero no da la felicidad, pero puede comprar cachitos en forma de chocolate.

Ejemplo 3: el incidente

Si planteamos como el objetivo principal salir con vida de un naufragio es difícil equivocarnos en los motivos. Si añadimos el hándicap de salvar la vida de un bebé, parece que también es difícil equivocarse, ya que después de la supervivencia individual cabe destacar la pervivencia de la tribu y por yuxtaposición de la sociedad. No obstante, en las generaciones actuales ese tipo de valores se desvanecen. Podríamos decir que la motivación de arriesgar la vida para salvar la de un desconocido por obtener reconocimiento es claramente equivocada. Además, por experiencia propia, diría que usar el motivo: «porque es lo correcto» no da la satisfacción que se espera. En cualquier caso no hay nada que pueda superar a la satisfacción de salvar la vida de un niño de una forma épica, así que el motivo correcto puede ser conseguir esa satisfacción suprema muy difícil de encontrar en ninguna de las experiencias que ninguna persona vaya a tener en la vida.

Conclusiones

Muy poca gente analiza su vida, o más concretamente su hedonismo, desde un punto de vista científico y, sinceramente, ni falta que hace. La humanidad ha sobrevivido millones de años sin preguntarse si es feliz. Tu gato que ronronea tumbado al sol en el salón, tampoco. Sin embargo, igual que Espinete se ponía bañador para ir a la playa, la sociedad actual genera necesidades añadidas a las que inherentes a los seres vivos: nacer, nutrirse y reproducirse se desarrollan más allá de llegar al mundo, disfrutar de la comida y del sexo cumpliendo la regulación existente del país. La pirámide de Maslow nos empuja a nuevas necesidades y a preguntas que a nuestros abuelos les parecerían ridículas como «¿este trabajo me hace feliz?».

A un ingeniero resultadista que busca la maximización como yo, este viaje le ha enseñado que el resultado puede ser incorrecto si se obtiene desde los motivos equivocados ya que, en la vida, a diferencia de los libros de matemáticas, no hay un resultado correcto u incluso óptimo, sino que, para bien o para mal, ningún resultado es el adecuado a la vez que podría serlo cualquiera dependiendo de una miríada de factores y circunstancias.

¿Por qué nos sobran los motivos?

Las motivaciones básicas como: «como porque tengo hambre», «descanso porque estoy cansado», … son las más fáciles de entender y justificar, a partir de allí, según sean más complejos los objetivos el motivo y el objetivo se entremezclan haciendo difícil su evaluación y añadiendo complejidad a este ensayo.

  • ¿Si quieres vacaciones?
    • ¿Por qué no dejas el trabajo?
  • ¿Si trabajas para ganar dinero?
    • ¿Por qué en vez de buscar ganar más dinero no intentas gastar menos obteniendo el mismo resultado?
  • ¿Si lo que quieres es sobrevivir?
    • ¿Por qué lastras tus posibilidades intentando salvar a los demás?

Como viene siendo habitual esta entrada es para que te hagas preguntas y no para que yo te dé las respuestas, si lo hiciera, podría equivocarme.

Contrarréplica del diablo

El debate de si es más importante el proceso y los motivos que el resultado, disminuye o se desvanece cuando entra en escena la más que posible posibilidad de haber muerto ahogado cuando estaba la alternativa de no hacerlo. En ese caso, sea cual sea el motivo parece claro que la no consecución del objetivo, en este caso, seguir con vida, hace que debatir sobre motivaciones suene pueril y contraproducente.

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