La fábula del elefante, la estaca y Jorge la tortuga careta

Alfred es el hijo de una elefanta de circo. Poco después de nacer le separaron de su madre y le ataron con una cadena a una estaca.

Alfred tiró y tiró llorando buscando a su madre. No hubo manera. Él era tan sólo una cría.

Con el tiempo Alfred creció. El público del circo ambulante se sorprendía de que un elefante tan grande fuera asegurado con una estaca tan pequeña.

El propietario, ese tipo de gran bigote, vestido de rojo y sombrero de copa, decía entre risas y fumando un puro delante de una señal de prohibido fumar:

«Es una cadena mágica. Esa estaca reprime el espíritu del elefante no su fuerza».

Esta fábula que cojo prestada de Jorge Bucay y él sacó del imaginario hindú nos viene a decir que a veces nuestros límites están auto-impuestos debido a restricciones del pasado.

Esas barreras son más mentales que reales y sólo enfrentándonos a nuestros límites podremos saber si somos capaces de romper con las cadenas de la estaca y volver a ser libres.

Si pensáis que esta fábula es gratuita ahora entra en juego la tortuga careta.

De vuelta a Mendoza para recuperar mi pasaporte, visité el acuario municipal.

La historia de Jorge

Jorge es la estrella del acuario. Tiene en su sala central un acuario 30 veces más grande que el siguiente más grande. No tiene que compartir con yacarés y subirse a su espalda para competir por un sol filtrado por un ventanal. Jorge es una popstar y se comporta como tal.

Si un visitante se acerca al cristal Jorge está ahí para el selfie. Parece que sonríe al otro lado del cristal y en las fotos sólo falta que guiñe un ojo y levante su aleta como si fuese un pulgar. Es esa criatura amable que tan bien retrató pixar en Buscando a Nemo.

El problema de Jorge es que no nació en un acuario. Él nunca quiso ser una popstar. Él nunca estuvo atado a una estaca. Él quería ser un rebelde y cabalgar la corriente del norte. El problema es que se perdió y salió de unas aguas cálidas a morir a las frías aguas de Bahía Blanca nadando con ballenas.

Unos pescadores lo rescataron y las autoridades decidieron que lo mejor para Jorge era pasar el resto de sus días en el acuario de Mendoza.

Esto fue hace 35 años. Mientras algunos ven a un animal benévolo ávido de contacto humano yo me imagino a Jorge con una pequeña cuchara haciendo un túnel de escape durante 35 años.

¿Quién sabe? Nemo está a menos de dos metros, puede que un día me cruce a Jorge en lo alto de un camión camino del océano y me mire sonriendo con la aleta levantada en señal de victoria.

Mientras Jorge escapa en mis sueños las niñas pequeñas sonríen tras cada foto y gritan a su madre:

«Esta es mi favorita»

Jorge quería ser independiente pero ahora es una popstar y yo que tengo un corazón tierno me acuerdo de una de mis películas favoritas Cadena Perpetua (The Shawshank Redemption).

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