Cerro Guanaco

Para visitar el Parque Nacional de Tierra de Fuego decidí coger la bici. No por ahorrar pero por llegar antes que Johan al final de la carretera Panamericana. Siempre puedo decir que empecé en Alaska.

Cuando fui a pagar la entrada me dijeron que se podía acampar dentro por la cara. Problemas de logística y de planificar mal el viaje estaba con un bici pero mi tienda comprada para la ocasión estaba en la ciudad. Así que me registré para ir al día siguiente y me recorrí el parque con la bici.

Estuvo bien pero digamos que a las bicicletas sólo les dejan circular por los mismos caminos de polvo que los coches, digamos que está lleno de coches y autobuses, digamos que los vehículos levantan polvo y que los ciclistas tragan mierda. En vez de una mascarilla tenía que haber llevado tenedor y cuchillo y si me apuras hasta pan y vino como dice Arguiñano en Airbag. Acabé como un muñeco de nieve pero como dice mi tía: ‘así experimentas el placer de llegar a los sitios son que te lleven’.

Así que volví a Ushuaia city y me preparé esa noche para poder volver a acampar en Tierra de Fuego. Por la noche me encontré al francés. Me contó que él había estado tres días en el parque natural y había hecho un trekking super chulo que ni siquiera salía en el mapa. En realidad sí que salía, era el número cuatro de cinco pero siempre es más épico pensar que estás fuera del camino marcado. Eso y que creo que al colega Fabián no le gusta leer las instrucciones.

Así que pagué los 700 pesos para que una mini van me llevase al parque. Ya había pagado 690 por la bici más dos veces la entrada del parque, unos días más y hubiera compensado haber cogido el crucero a la Antártida.

Si alguien piensa que en Patagonia hace calor en verano les diré que hace menos frío que en invierno. También diré que mi equipamiento de montaña está pensado para todos los terrenos y climas lo que quiere decir que no es bueno para ninguno. Resumiendo, esa noche pasé frío. Me levanté a las seis de la mañana y me dispuse a hacer las ocho horas de caminata.

Me llevó una hora sólo llegar al cartel que indicaba ‘dificultad máxima, empiece sólo si está preparado, 4 horas sólo ida…’ tenía tiempo y el clima era benigno así que, ¿Qué podría salir mal?.

La subida era bastante complicada, no como para considerarse alpinismo pero como mínimo para ser desafiante. En el perfil marcaba subir 1000 metros en cuatro kilómetros. Cuando llevaba casi una hora apareció el 3. Me dije: ¡Qué exagerados! en una hora ya he hecho tres kilómetros. Luego miré hacia arriba y me di cuenta que quedaban aún 3km.

Allí llegue a pegar que mi preparación para ir a un parque natural: Una botella de agua y algunas galletas no había sido la adecuada. Sobre todo porque no había agua potable. Después de preparar la media maratón aprendí un montón de cosas sobre nutrición y dieta de deportistas. La verdad que ese conocimiento sólo es útil si llevas a tu cuerpo a los límites. ¿Sería este el día?

Así que eran casi las 9 cuando tras pasar por bosque, barro y turbera llegué al último kilómetro de montaña. Allí me encontré por primera vez cara a cara a un guardián. No a un guarda del parque sino a un guardián de la manada. Era una especie de llama macho que vigilaba el bienestar del resto del rebaño. No sabía qué animal era. Se lo pregunté a la chica de recepción y no ocultó su cara de ‘este tío es idiota’.

– He subido al Cerro Guanaco y he visto una especie de animales como llamas. ¿Qué eran?

– Guanacos.

Bueno, nadie hace aprendido y mejor que me tomen por tonto a que se lo demuestre.

Que sepáis que los guanacos apuestan vigías para proteger al rebaño de depredadores. Se ve que yo no parecía una amenaza porque el bicho me marcó como para mocharme como un toro en la Dehesa.

Afrontando el último kilómetro se veía un día lúgubre, muy lúgubre. ¡Qué demonios! ¡Hemos venido a jugar! ¡Si aún me quedaban galletas!. Dicen que sino te gusta el clima de Patagonia sólo tienes que esperar media hora. Había subido con sol así que la ascensión final al Cerro la hice con una ventisca de nieve. Que también tiene su aquel. Las vistas desde la cumbre, espectaculares. Digo yo. Con tanto viento y nieve tampoco es que se pudiera apreciar bien.

Ya que había subido intenté esperar a ver si era cierto lo de la media hora. Tras un rato jodido de frío pensé en lo que le pasó a esa momia congelada en los Alpes.

– ¿Qué? ¿No bajas?

– Voy a esperar a que escampe.

Es un poco exagerado ya que aunque estaba nevando tampoco es el Everest. También fue un gustazo coger sobre mis propias huellas sabiendo que era el único que había subido.

He hecho esta entrada para deciros que si vais a Tierra de Fuego el esfuerzo de subir Cerro Guanaco merece la pena y porque la mayoría sólo mira las fotos así que cuelgo unas cuantas en esta entrada.

2 comentarios sobre “Cerro Guanaco

  1. Ánimo Iván,yo aquí estoy en mi zona de confort y leo con atención todo cuanto escribes,hoy en Burgos nieva y en Quintanilla de agua y aledaños al río Arlanza se le han «hinchado las narices»y baja con fuerza,desde mi zona de confort no lo veo pero tu madre se encarga de enviar imágenes.
    Está bien lo de la bici,a ver si poco a poco te decides un poco más a viajar a la «velocidad de las mariposas»biciklon»,una pena que no puedas descargar su libro cuyo título es:»kilómetros de sonrisas» es el viaje que realizó durante dos años por Sudamérica y que fue el preámbulo de su inicio de la vuelta al mundo que duro trece años y por supuesto ambos en bicicleta.
    Mis mejores deseos para ti.un abrazo.
    Luisa

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