Un viaje alucinante: Salar de Uyuni (I)

Bienvenidos a un viaje a un lugar mágico, donde las luces y las sombras se mezclan para crear paisajes de cuento de hadas que harán estremecerse a nuestra imaginación mientras nuestra alma se nutre de experiencias inolvidables. Un recorrido no exento de dificultades, de caminos tortuosos, de risas, de llantos, de mal de altura, de polvo y de frío. Sin embargo, no hay ninguna persona con espíritu de aventura que pueda decir que el sufrimiento no merece la pena.

Día 1: Tupiza, Quebrada de Palala, Sillar, Ciudad Encanto, Huanapampa, Cerillos, Pueblo Fantasma, San Pablo, San Antonio, Quetena

El camino empieza allí donde des el primer paso. En este caso podríamos comenzar en Tupiza, pero podría haber sido cuando decidiste salir del despacho de tu jefe tras haber firmado la carta de dimisión. Lo importante es saber que estás viajando.

Paisajes de fantasía creados por la erosión

Desde tiempos inmemoriales hay una senda que conecta Tupiza con San Vicente. Antes de que ciudades con estos nombres existiesen. Ya en el Siglo XX Butch Cassidy y Sundance Kid recorrieron esta senda comercial para encontrar la muerte en la boca de una cueva oscura, acribillados por una patrulla militar que tenía más miedo a la leyenda de estos forajidos que a la muerte misma.

Hoy en día un camino de grava es atravesado por camiones que quieren ahorrarse un rodeo por las carreteras asfaltadas, aún a riesgo de caer precipitados a la inmensidad de los cañones o acabar atrapados en el lodo después de una noche de lluvia. Una vez en el lodo sólo queda la espera de una ayuda que puede que no llegue en días o incluso semanas a expensas de una meteorología cambiante.

Para el espectador, sin embargo, los paisajes de El Sillar y la Quebrada Palala quitan el aliento. No confundir este síndrome de Stendhal con el mal de altura, difícil de soportar dentro de unos 4×4 con conductores habituados a ese clima; no como los incautos pasajeros, su codicia de acaparar experiencias puede llevarles a pasar un mal rato. Si no realizas una adecuada aclimatación es posible que cuando abandones el auto no seas capaz de dar 7 pasos seguidos al igual que si hubiésemos sido mordidos por una mamba negra. En el contrato, como fieles mosqueteros, se firma un todos para uno y uno para todos, si el soroche ataca a alguno de los miembros del grupo todos vuelven. Raro es el día que ningún turista sufre un desvanecimiento. Afortunadamente no suelen ser de consideración y la aclimatación es rápida.

El Pueblo Fantasma

Si nuestra salud nos lo permite, disfrutaremos de paisajes sacados de decorados de la Paramount de los años sesenta. Ciudad Encanto es uno de esos sitios dónde podrás disfrutar como un niño escalando sobre formaciones que tienen millones de años, pero que a la vez son sensibles a la erosión. La falta de control hará que desaparezcan con el paso del tiempo. Es como si nos dejaran entrar en el Louvre con témperas y pintar sobre la Gioconda por ser turistas. No obstante, no dejéis que estos sentimientos enturbien la belleza del ambiente donde sólo las vizcachas han hecho su hogar. La buena nueva es que la mayoría de estos malestares son pasajeros, si bien se pasa un mal rato en los todoterreno casi todos sobreviven. Los menos, aquellos que no lo logran, serán enterrados como tributo al desierto, o en su defecto trasladados a punto más bajos donde se recuperarán rápidamente.

No sólo de paisajes sobrenaturales vive el turista, los bolivianos se sienten muy orgullosos de tener un segundo Machu Picchu. A diferencia del archiconocido enclave peruano en Bolivia nos encontramos con un pueblo minero abandonado. Sólo tiene que ver con el original que son un montón de piedras apiladas. Aquí no hay leyenda, ni turistas, ni esa fotogenia de las montañas frente a la selva, ni nada que ver con el Tawantinsuyu. Son sólo los restos de la codicia del hombre que taladró el desierto en busca de fortuna. Una vez que las vetas escasearon, la ciudad que había florecido en medio del altiplano se marchitó hasta convertirse en el esqueleto que es hoy en día.

Día 2: Quetena, Laguna Kollpa, Laguna Hedionda, Hot Springs, Desierto de Dalí, Laguna Verde, Licancabur Volcano, Geysers (5000 m.a.s.l.), Huayllajara

Después de la primera gélida noche en altura disfrutaremos de la imagen de volcanes activos de más de 6000 metros. De lagunas de diferentes colores donde los flamencos hacen un paso obligado en sus migraciones donde color y perturbando el silencio del de otro modo mutismo del altiplano.

Lagunas y montañas en el Desierto de Dalí

La actividad sísmica nos dará la oportunidad de disfrutar de los geyser y de aguas termales que serán una bonita pausa en mitad de un trayecto bastante precario. Ascender a los volcanes se puede hacer con permiso o con alevosía ya que es difícil que un guardaparques nos enfrente en la mitad de la nada.

Aguas termales para combatir el frío

Las formas del desierto son tan surrealistas que se bautizó con el nombre de Dalí con esas formas que recuerdan a los cuadros del pintor. Si dejamos llevarnos por la imaginación aparecerán elefantes de patas que se pierden en el horizonte. Si queremos volver a la realidad, el Coyote de Homer no será más que una zorra con su zorrino buscando comida en los coches de los turistas.

La madre protege al retoño

La hora del día es importante para poder apreciar las fumarolas de los geysers. Es cierto que a esta altitud siempre hace fresco pero a primera hora de la mañana el contraste de los vapores hirvientes con la gélida atmósfera harán más impactantes, si cabe, la belleza de la madre naturaleza.

Desde el interior de la tierra el suelo se funde

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